Mostrando entradas con la etiqueta Pablo de Rokha. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pablo de Rokha. Mostrar todas las entradas
martes, 5 de enero de 2010
lunes, 9 de marzo de 2009
PABLO DE ROKHA / DEMONIO A CABALLO

Por entre mundos, entre muertos, entre
edades que destilan suerte y vientres de siglos, en verde aceite
de eternidad, amontonados,
navego, a mil estadios de mí y mí mismo, solo.
No entiendo cómo soy, ni en dónde soy, ni cuando soy, ni soy,
o yo soy otro, distinto, universal, acumulado, absorto
con mis águilas;
abajo, un mar vestido de culebra, mordiendo un crucifijo incendiado,
un dios de épocas y piedra,
medio a medio, un tubo de llanto, de luto atardecer, y, encima
una gran estampa de caballero degollado, desde la cual
aúlla un discurso, con chaleco de temporal, echando
los 7 relámpagos reglamentarios, por adelantado;
¿qué significa escribirlo que significa escribir, si ignoro si estoy
muerto o estoy muerto, o soy un antiguo muerto, vendido
como esclavo, a una antigua reina de cera?
nó, empuño mi cabeza y se la arrojo a los leones;
¿a cuál persona me refiero, cuando afirmo que la inmortalidad
me rasguña las entrañas con un rifle quebrado?
No me parezco, soy un campo de batalla, un antiguo edificio
amarillo, construído en los desiertos de Abrahán, un
potro de oro, un soldado enormemente romano,
gritando adentro del traje de acero, con un gran gusano de fuego
en toda la boca,
y a quién le emerge una humareda roja desde el pelo del pecho, formado
de peñascos milenarios y una gran costa druida;
me pienso y pienso un volcán de licor extinguido, un lagarto
decapitado, besando a una paloma de provincia, un león
entre dos banderas,
por adentro de mi ser aúllan los monos furiosos y las montañas
recién paridas,
un clamor gutural de animales, la bestia de dios, tremenda y
alucinada, huyendo de la catástrofe cósmica y el orangután
horriblemente triste, porque deviene hombre.
Me hundiré con el continente que habito, con mi siglo y con
mi pueblo, con la tierra entera y sus planetas, con los
ejércitos de los ejércitos rugiendo,
en el espantoso océano infinito que soy y del cual soy náufrago,
sin haber entendido nunca, comprendido nunca por qué se existe,
qué exite y qué no se dispersa, derrama, disgrega, qué
es lo que constituye el yo tremendo, qué
es lo que constituye la diferencia de lo que difiere, la médula del
átomo, mi átomo, tu átomo, que son los átomos
del muerto y no son del muerto, y lo querrían,
cómo se gasta el tiempo, si no es un cuchillo ni un zapato en el
cuello de un muerto, y qué muere, cuando muere el
hombre y muere
en sus pupilas el último atardecer, agonizando con espanto de
cataclismo, arrastrando todas las cosas en esa gran
caída sin fin, en la cual, adentro nos derrumbaríamos;
pero, por algo existo y respiro, existo, como existe un puñal, un
sombrero de perro zorrero, un fakin, o un caballo,
y no soy el escupo del gusano, ni el pan del militar, que traicionó
a un calzoncillo estrellado, y lo fusilan por la espalda,
ni el ideal de la puta divina,
ni el moco del tonto, al cual le amarran la banda tricolor en la guata;
porque yo no comienzo aquí y termino ahí, nó, yo no comienzo,
yo no termino, yo comienzo la gran época en la cual
se forjaron todos los mundos, cuando la nada flotaba
en la nada, es decir, yo comienzo, en donde el principio
es el principio del principio,
yo termino en el tiempo del ojo del muerto, en el espanto de la
muchacha asesinada por un fantasma, a la orilla en que
el hombre se cae al vacío, en el alarido del aterrado
frente a frente al infierno,
en la cuchara abandonada por sus antepasados, en los extramuros
de la ciudad maldita, entre cerdos, niños, perros y mujeres,
que en grande hambre emputecieron, en la aldea
abandonada, en la vasija abandonada por el antiguo
soldado de Pompeya, en el santo de palo santo, que
posee un sexo de cuero de pecho de trueno, y un ojo
de oro,
en el ideal que la señora apasionada tiene metido debajo del ombligo,
como la espada de las matanzas,
sí, en los degüellos históricos, en los cataclismos de las guerras
tremendas de religión y sus batallas, sí, en las masacres de
clases, sí, en los fusilamientos del Ródano y en la hoz
amarilla de la guillotina, sí, en la bandera negra que
los corsarios enarbolaban, medio a medio de su hombría
de varones de sangre;
he ahí, cómo y cuando los antiguos dioses perdidos, rodeados de
apostasia, musgo de muros muertos, infinitamente solitarios,
gritan en mi interior, el resplandor de las religiones
perdidas,
sí, Jehová y Thor pelean un hueso de perro en mis entrañas,
moviendo los hierros del trueno, que aterró al antepasado, y la
tempestad desgarradora, que engendró la oración y el
poema.
Mi ser consciente, ruge cuando piensa, brama cuando habla,
gime cuando crea, cargado de instinto, discontinuidad y
síntesis,
el lenguaje me desgarra el ser, llenándome de sangre bramante,
me parte en diez mitades, rompiéndome y uniéndome,
con su gran pasada de monstruos, y el mar y el funeral
del mar, claman su aliento grande y convulso en mis
pretéritos,
sin embargo de ser mudo, con relación a la verdad del mundo,
soy yo y no soy yo, quién hablo, porque habla la bestia en celo,
habla la vida y todas las formas de la vida, habla la
cópula brutal de la naturaleza animal, mineral, vegetal,
todo y uno y todo, acoplándose y desgarrándose en la
gran orgía del amor, y habla el mundo, relacionado y
encadenado a su límite;
expresión de unidad y estilo, imagen de orígen, mito magno y
substancial, hombre, afirmo lo que ignoro y lo que ignoro afirmo,
y afirmo porque afirmo,
creciendo, tronando, cayendo, con todas las rodillas del espíritu,
desgarradas en la espantosa crucifixión, levanto
mi existencia, y azoto a la naturaleza, y la naturaleza me responde
con su tremento pellejo hocico, entreabriéndose al sol
de dios, cuando mi poema la cornea y la monta,
engendrándole una gran cría.
Etiquetas:
literatura,
Pablo de Rokha,
poesía
jueves, 17 de julio de 2008
WINETTGONÍA - PABLO DE ROKHA
Compararía a una bandada de queltehues picoteando la aurora nuestro querido y viejo hogar de antaño, a la guinda húmeda de amaneceres con rocío tu actitud, y a los veranos con pájaros ensangrentados de sol gozoso y racimos de uva partidos, a la tórtola gris de acero, que tajea como espada la atmósfera sonora y copiosa de luz inmarcesible o al clavel negro del pidén en los esteros, tu gran ternura melancólica; hoy luchando con el animal del destino, mar afuera entre las quillas y las ruinas de los barcos náufragos, haciendo lo horrendo de morderme las entrañas para alimentarme, ¿quién me va a consolar jamás, cuando no quiero más que el ser irremediable, y extraer de él la sustancia desesperada de la espantosa alegría estupenda de poder llorarte, construyendo un monumento al dolor humano, con sudor y terror acumulado?Pálidos como pájaros de abril, huyeron los días dichosos de antaño, o lo mismo que cuando el cazador dispara a la bandada asesinándola, en ademán de criminal analfabeto, que degüella a su familia, y todo a quedado como si el destino tronchase y barriese la tierra tremenda; y si gritara, como tú no escuchas, ¡qué extraño parecería clamando a la soledad, con estupor macabro!: cuando los dos éramos pobres y heroicos y tú eras tan linda como un nido de picaflor, la basura de la literatura se nos venía rugiendo encima con su alud subazul de degenerados precoces y terribles, con condecoración inferior, y el vecindario nacional provinciano nos desconocía, bastaba un pez popular para la olla familiar, y alguna vez estuvo con nosotros, en la "Subida del Membrillo" y yo tallaba a Suramérica, pero nos reíamos porque estábamos juntos en la gran soledad del mundo, o el crepúsculo universal de "La Cisterna" nos coronó de agrestes e ilustres laureles melancólicos el eslabón sudado del trabajo y saboreamos, asada, la castaña en la chimenea familiar y el gran vino caliente de entre junio y julio, criando grandes artistas; voy a levantar un monumento de lágrimas a la gran estatua mediterránea que te hiciste con tu vida y con tu obra, cantando en todo lo alto y lo ancho de la época, con tu voz de tórtola de oro, y me van a escuchar un milenio, como el último y único de los enamorados; afuera está la tierra inmensa, aquí estoy yo contigo, aquí en este enorme "epicentro de tormenta", aquí "parado, estupefacto", solo como toro, contra todas las cosas, diciendo lo mismo abajo, y diversificándome como los poliedros del diamante, en las metáforas, presente, siempre presente, como el soldado de Pompeya, tallado en la eternidad, con la patada del terremoto en la boca; pero el pecho de la eternidad es inexorable.
Etiquetas:
literatura,
Pablo de Rokha,
prosa
lunes, 14 de enero de 2008
Pablo de RokhaCANTO DEL MACHO ANCIANO
(fragmento)
.
Sentado a la sombra inmortal de un sepulcro,
o enarbolando el gran anillo matrimonial herida
a la manera de palomas que se deshojan
como congojas,
escarbo los últimos atardeceres.
Como quien arroja un libro de botellas tristes
a la Mar-Océano
o una enorme piedra de humo echando sin embargo
espanto a los acantilados de la historia
o acaso un pájaro muerto que gotea llanto,
voy lanzando los peñascos inexorables del pretérito
contra la muralla negra.
Y como ya todo es inútil,
como los candados del infinito crujen en goznes
mohosos,
su actitud llena la tierra de lamentos.
Escucho el regimiento de esqueletos del gran
crepúsculo,
del gran crepúsculo cardíaco o demoníaco, maníaco
de los enfurecidos ancianos,
la trompeta acusatoria de la desgracia acumulada,
el arriarse descomunal de todas las banderas,
el ámbito terriblemente pálido
de los fusilamientos, la angustia
del soldado que agoniza entre tizanas y frazadas,
a quinientas leguas abiertas
del campo de batalla, y sollozo como un pabellón
antiguo.
Hay lágrimas de hierro amontonadas, pero
por dentro del invierno se levanta el hongo infernal
del cataclismo personal, y catástrofes
de ciudades
que murieron y son polvo remoto, aúllan.
Ha llegado la hora vestida de pánico
en la cual todas las vidas carecen de estilo y de
espada,
carecen de dirección, de voz, carecen
de todo lo rojo y terrible de las empresas
o las epopeyas o las vivencias ecuménicas,
que justificarán la existencia como peligro y como
suicidio; un mito enorme,
equivocado, rupestre, de rumiante
fue el existir; y restan las chaquetas solas del
ágape inexorable, las risas caídas
y el arrepentimiento invernal de los excesos,
en aquel entonces antiquísimo con rasgos de santo
y de demonio,
cuando yo era hermoso como un toro negro y tenía
las mujeres que quería
y un revólver de hombre a la cintura.
Fallan las glándulas
y el varón genital intimidado por el yo rabioso,
se recoge a la medida del abatimiento
o atardeciendo
araña la perdida felicidad en los escombros;
el amor nos agarró y nos estrujó como a limones
desesperados,
yo ando lamiendo su ternura,
pero ella se diluye en la eternidad, se confunde
en la eternidad, se destruye en la eternidad
y aunque existo porque batallo y "mi poesía
es mi militancia"
todo lo eterno me rodea amenazándome y gritando
desde la otra orilla.
Busco los musgos, las cosas usadas y estupefactas,
lo postpretérito y difícil, arado de pasado
e infinitamente de olvido, polvoso y mohoso
como las panoplias de antaño, como
las familias de antaño, como las monedas
de antaño,
con el resplandor de los ataúdes enfurecidos,
el gigante relincho de los sombreros muertos,
o aquello únicamente aquello
que está cayendo en las formas,
el yo público, la figura atronadora del ser
que se ahoga contradiciéndose.
Ahora la hembra domina, envenenada,
y el vino se burla de nosotros como un cómplice
de nosotros, emborrachándonos, cuando nos
llevamos la copa a la boca dolorosa,
acorralándonos y aculatándonos contra nosostros
mismos como mitos.
Estamos muy cansados de escribir universos
sobre universos
y la inmortalidad que otrora tanto amaba el corazón
adolescente, se arrastra
como una pobre puta envejeciendo;
sabemos que podemos escalar todas las montañas
de la literatura como en la juventud heroica,
que nos aguanta el ánimo
el coraje suicida de los temerarios, y sin embargo
yo,
definitivamente viudo, definitivamente solo,
definitivamente viejo, y apuñalado de
padecimientos,
ejecutando la hazaña desesperada de sobrepujarme,
el autorretrato de todo lo heroico de la sociedad
y la naturaleza me abruma;
¿qué les sucede a los ancianos con su propia
ex combatiente sombra?
se confunden con ella ardiendo y son fuego
rugiendo sueño de sombra hecho de sombra,
lo sombrío definitivo y un ataúd que anda llorando
sombra sobre sombra.
Viviendo del recuerdo, amamantándome
del recuerdo, el recuerdo me envuelve y al retornar
a la gran soledad de la adolescencia,
padre y abuelo, padre de innumerables familias,
rasguño de los rescoldos, y la ceniza helada agranda
la desesperación
en la que todos están muertos entre muertos,
y la más amada de las mujeres, retumba en
la tumba de truenos y héroes
labrada con palancas universales o como bramando.
¿En qué bosques de fusiles nos esconderemos
de aquestos pellejos ardiendo?
porque es terrible el seguirse a sí mismo cuando
lo hicimos todo, lo quisimos todo,
lo pudimos todo y se nos quebraron
las manos,
las manos y los dientes mordiendo hierro con
fuego;
y ahora como se desciende terriblemente de
lo cuotidiano a lo infinito, ataúd por ataúd,
desbarrancándonos como peñascos o como caballos
mundo abajo,
vamos como extraños, paso a paso y tranco a tranco
midiendo el derrumbamiento general,
calculándolo, a la sordina,
y de ahí entonces la prudencia que es la derrota
de la ancianidad;
vacías restan las botellas,
gastados los zapatos y desparecidos los amigos
más queridos, nuestro viejo tiempo, la época
y tú Winétt, colosal e inexorable.
Todas las cosas van siguiendo mis pisadas,
ladrando desesperadamente,
como un acompañamiento fúnebre, mordiendo
el siniestro funeral del mundo, como
el entierro nacional
de las edades, y yo voy muerto andando.
Infinitamente cansado, desengañado, errado,
con la sensación categórica de haberme equivocado
en lo ejecutado o desperdiciado
o abandonado o atropellado al avatar del
destino
en la inutilidad de existir y su gran carrera
despedazada;
comprendo y admiro a los líderes,
pero soy el coordinador de la angustia del universo,
el suicida que apostó su destino a la baraja
de la expresionalidad y lo ganó perdiendo
el derecho a perderlo,
el hombre que rompe su época y arrasándola, le da
categoría y régimen,
pero queda hecho pedazos y a la expectativa;
rompiente de jubilaciones, ariete y símbolo de piedra,
anhelo ya la antigua plaza de provincia
y la discusión con los pájaros, el vagabundaje y
la retreta apolillada en los extramuros.
Está lloviendo, está lloviendo, está lloviendo,
¡ojalá siempre esté lloviendo, esté lloviendo
siempre y el vendaval desenfrenado que
yo soy íntegro, se asocie
a la personalidad popular del huracán!
A la manera de la estación de ferrocarriles,
mi situación está poblada de adioses y de ausencia,
una gran lágrima enfurecida
derrama tiempo con sueño y águilas tristes;
cae la tarde en la literatura y no hicimos los que
pudimos,
cuando hicimos lo que quisimos con nuestro pellejo.
El aventurero de los océanos deshabitados,
el descubridor, el conquistador, el gobernador
de naciones y el fundador de ciudades
tentaculares,
como un gran capitán frustrado,
rememorando lo soñado como errado y vil
o trocando en el escarnio celestial del
vocabulario
espadas por poemas, entregó la cuchilla rota del
canto
al soñador que arrastraría adentro del pecho
universal muerto, el cadáver de un conductor
de pueblos,
con su bastón de mariscal tronchado y echando
llamas.
Etiquetas:
literatura,
Pablo de Rokha,
poesía
martes, 24 de julio de 2007
Pablo de RokhaIMPRECACIÓN A SATANÁS
Sobre el pensamiento y la muerte, al final, al final del hombre, la vida, la vida y sus causas... al final!, muy lejos de vosotros, muy lejos, frente a MI, tú, oh! sueño funeral, gris como el entendimiento vegetal o botánico de un árbol, hijo de mujer, hijo de mujer dominas el espectáculo; sideral y aúllas, aúllas, aúllas, aúllas, mueves tus días fatales amarillentos lomismo que atardeceres lluviosos u hombres idiotas, e impones, iconoclasta y ácido, la perspectiva imperial que el sufrimiento humano, el sufrimiento humano imaginó, a manera de cumbre soleada por el sol muerto del vacío, para tí, Satanás.
***
Creo en Dios, como el espanto inicial del conocimiento, la mentira animal prolongándose inmensa y dolorosamente hacia la eternidad balbuciente de las últimas, pálidas, pálidas, últimas e inútiles experiencias, el espectro monumental, crepuscular o absurdo del bimano que emerge, emerge, emerge agobiado con el misterio azul de los anchos asombros elementales hasta las montañas de la amargura racional; he mirado pasar, TRANQUILAMENTE, al poeta de ayer por el camino, sin crepúsculos, de la belleza habitual, inmóvil con la inmovilidad del concepto e ingenuamente feliz, ingenuamente feliz, ingenuamente feliz, pero tu canto horrible de maldito, alarido de fúnebres, extraordinarios e inhábiles tonos ácidos, mortuorios, ácidos, mortuorios, arrojó a la sombra de mis sesos ardientes la semilla hostil, la semilla hostil, embrión de plantas lúgubres, impudentes, tentaculares, envenenadas cual culebras, el horror, la tragedia que corroe y alumbra, alumbra colmando de canciones agrias, mi verdad superior, Satanás.
***
Tu fealdad que culmina, culmina a fuerza de expresióm estética el dinamismo, la belleza de los fenómenos reales y la ilusión, tu fealdad, tu fealdad es bella, bella, bella, bellísima con el terror sublime del ritmo tremendo, horrendo, tremendo, tremendo, tétrico y movil que hacen temblando, diez, cien planos y mil líneas muertas, truncas, rotas, viajeras de la forma, golondrinas celestes del volumen, ahí donde hay ruido, pánico, frío, frío, frío, frío, frío de soledad, el tiempo y los seres pálidos concluyen y comienzas tú, Satanás.
***
Enemigo del hombre, el odio de la tierra levantó un mausoleo colosal a tu alma, enemigo del hombre, y mientras te abominaron, entonces, cuando tu maldición de los siglos te azotaba la cara con el vómito, el vómito de las congojas aunánimes, en aquel día perfumaba los cielos ENORMES, Satanás.
***
Constituyes lo dionysiaco, lo dinámico, lo demoníaco, la sonora razón de la fuerza, el canto de rebelión coronado de águilas, por eso te maldicen, porque eres como un viento, como un viento, como un viento destructor de ilusiones o como gemido, y chillan las flacas mujeres, sollozan los niños, sollozan los niños, alzan el vuelo, ateridos y horrorizados, ateridos y aterrorizados los pájaros, cuando vienes tronando por tu camino de estrellas despedazadas tu canción estridente, Satanás.
***
Desterrado, nadie te quiso jamás, desterrado!, desterrado! desterrado!, entristecido con el dolor de todas, todas, todas las tristezas, haz andado errabundo con tus manos cargadas de lamentables afectos lamentables, por encima de los cementerios, a la vera de las abandonadas ciudades, las abandonadas ciudades y las casa vacías, el MAS triste de todos los símbolos, y nunca, nunca, nunca, nunca, nunca te dijeron "amigo", Satanás.
***
Yo, extendidas sin rumbo las eternas, dolorosas manos errantes, levantando mi voz por encima de todas las vastas épocas, las vastas épocas, las vastas épocas, pronuncio mi bendición a ti, Satanás; bendito seas, bendito seas, estatua de lo malo, estatua de lo malo y CONDICIÓN del bien, Jehová negro, bendito seas porque egregio, autoritario y solo, solo como yo, solo y aplastado con todas, con todas las desgracias de "los hijos de Adán". Con el escarnio de todos los pueblos las anchas naciones, con la enemistad de todas las cosas, todas las cosas, con la antipatía de los instintos rojos y la amarga abominación eterna de las criaturas que pueblan los profundos cielos admirables, la cansada tierra y el mar elevas tus plegarias al infinito, hermano mío, hermano mío, como el más grande, como el MÁS grande de TODOS los monumentos al dolor, Satanás, hermano mío!...
Etiquetas:
literatura,
Pablo de Rokha,
prosa
Suscribirse a:
Entradas (Atom)