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domingo, 5 de agosto de 2012

La Conjuración Sagrada - Georges Bataille



ACÉPHALE

La Conjuración Sagrada
(Georges Bataille)

Una nación ya vieja y corrompida que sacudiera con coraje el yugo de su gobierno monárquico para adoptar uno republicano, no podría sostenerse sino por medio de crímenes, porque está ya en el crimen, y si quisiera pasar del crimen a la virtud, es decir, de un estado violento a un estado apacible, caería en una inercia cuyo inmediato resultado sería la ruina certera.
Marqués de Sade

La que tenía rostro político, se desenmascarará, un día, como movimiento religioso.
Kierkegaard

Hoy solitarios, ustedes, que viven separados, serán algún día un pueblo. Los que se han designados a sí mismos formarán un día un pueblo designado, y de este pueblo nacerá la existencia que supera al hombre.
Nietzsche

Lo que hemos emprendido no debe ser confundido con ninguna otra cosa, no puede ser limitado a la expresión de un pensamiento, y todavía menos a lo que justamente es considerado como arte.

Es necesario producir y comer: muchas cosas son necesarias y no por ello son algo, y lo mismo ocurre con la agitación política.

¿Quién sueña, antes de haber luchado hasta el final, con dejar el lugar a los hombres que es imposible contemplar sin experimentar la necesidad de destruirlos? Pero si nada pudiera encontrarse más allá de la actividad política, la avidez humana solamente se enfrentaría con el vacío.

SOMOS FEROZMENTE RELIGIOSOS y, en la medida en que nuestra existencia es la condena de todo lo que hoy se reconoce, una exigencia interior reclama que seamos igualmente imperiosos.

Lo que emprendemos es una guerra.

Es tiempo de abandonar el mundo de los civilizados y su luz. Es demasiado tarde para pretender ser razonable e instruido, pues esto condujo a una vida sin atractivos. Secretamente o no, es necesario convertirnos en otros o dejar de ser.

El mundo al que hemos pertenecido no propone nada para amar más allá de cada insuficiencia individual: su existencia se limita a su comodidad. Un mundo que no puede ser amado hasta morir –de la misma manera que un hombre ama a una mujer- representa solamente el interés y la obligación hacia el trabajo. Si se compara con los mundos desaparecidos, es odioso y aparece como el más fallido de todos.

En los mundos desaparecidos fue posible perderse en el éxtasis, lo que es imposible en el mundo de la vulgaridad instruida. Las ventajas de la civilización son compensadas por la manera en que los hombres las aprovechan: los hombres actuales las aprovechan para convertirse en los más degradantes de todos los seres que han existido.

La vida tiene siempre lugar en un tumulto sin cohesión aparente, pero no encuentra su grandeza y su realidad más que en el éxtasis y en el amor extático. Quien se obstina en ignorar o en desconocer el éxtasis es un ser incompleto cuyo pensamiento se reduce ala análisis. La existencia no es solamente un vacío agitado, es una danza que obliga a bailar con fanatismo. El pensamiento que no tiene por objeto un fragmento muerto existe interiormente de la misma manera que las llamas.

Es preciso volverse lo bastante firme e inquebrantable como para que la existencia del mundo de la civilización parezca finalmente incierta. Es inútil responder a aquellos que pueden creer en la existencia de ese mundo y lo toman como pretexto: si hablan, es posible mirarlos sin escucharlos e, incluso cuando se los mira, no “ver” sino lo que existe lejos detrás de ellos. Es preciso rechazar el aburrimiento y vivir solamente de lo que fascina.

En ese camino sería vano agitarse y buscar atraer a aquellos que tienen  veleidades tales como pasar el tiempo, reír o convertirse individualmente en raros. Es preciso aventurarse en él sin mirar hacia atrás y sin tener en cuenta a aquellos que no tienen la fuerza para olvidar la realidad inmediata.

La vida humana está exedida por servir de cabeza y de razón al universo. En la medida en que se convierte en esa cabeza y en esa razón, en la medida en que se convierte en necesaria para el universo, acepta una servidumbre. Si no es libre, la existencia se convierte en vacía o neutra, y si es librees un juego. La Tierra, mientras engendraba solamente cataclismos, árboles o pájaros, era un universo libre: la fascinación de la libertad se empañó cuando la Tierra produjo un ser que exigía la necesidad como ley por encima del universo. El hombre siguió siendo sin embargo libre de no responder a ninguna necesidad: es libre de parecerse a todo lo que no es él mismo en el universo. Puede apartar el pensamiento de que él o Dios impide al resto de las cosas ser absurdas.

El hombre escapó de su cabeza como el condenado de la prisión.

Encontró más allá de sí mismo no a Dios, que es la prohibición del crimen, sino a un ser que ignora la prohibición. Más allá de lo que soy, reencuentro un ser que me hace reír porque no tiene cabeza, que me llena de angustia porque está hecho de inocencia y de crimen: tiene un arma de hierro en su mano izquierda, llamas que parecen un corazón de sacrificio en su mano derecha. Reúne en una misma erupción el Nacimiento y la Muerte. No es un hombre. Tampoco es un dios. No es yo, pero es más yo que yo: su vientre es el dédalo en el que se perdió a sí mismo, en el que me pierdo con él y en el cual me vuelvo a encontrar siendo él, es decir, monstruo.

Lo que pienso y lo que imagino no lo pensé ni lo imaginé solo. Escribo en una pequeña casa fría de un pueblo de pescadores, y un perro acaba de aullar en la noche. Mi habitación está cerca de la cocina donde André Masson se mueve felizmente, y canta: en el mismo momento en el que estoy escribiendo, caba de poner en el fonógrafo el disco de la obertura de Don Juan: Más que cualquier otra cosa, la obertura de Don Juan vincula lo que me tocó en suerte de la existencia con un desafío que me abre al arrebato fuera de mí. En ese instante incluso contemplo a ese ser acéfalo, el intruso compuesto por dos intenciones, igualmente desbocadas, convertirse en la “Tumba de Don Juan”. Cuando hace unos días estaba con Masson en esta cocina, sentado con un vaso de vino en la mano, mientras que él, imaginándose de repente su propia muerte y la muerte de los suyos, con los ojos fijos, sufriendo, casi gritaba que era preciso que la muerte se convirtiera en una muerte afectuosa y pasionada, gritaba su odio hacia un mundo que impone, hasta sobre la muerte, su pata de empleado, yo no podía dudar de que la suerte y el tumulto infinito de la vida humana estuvieran abiertos para aquellos que no podían ya existir como ojos reventados, sino como videntes arrebatados por un sueño estremecedor que no puede pertenecerles.

Tossa, 29 de abril de 1936

jueves, 19 de julio de 2012

Walter Benjamin - Prohibido fijar carteles




LA TÉCNICA DEL ESCRITOR EN TRECE TESIS

I. Quien se proponga escribir una obra de gran envergadura, que se dé buena vida y, al terminar su tarea diaria, se conceda todo aquello que no perjudique la prosecución de la misma.
II. Habla de lo ya realizado, si quieres, pero en el curso de tu trabajo no leas ningún pasaje a nadie. Cada satisfacción que así te proporciones, amenguará tu ritmo. Siguiendo este régimen, el deseo cada vez mayor de comunicación acabará siendo un estímulo para concluirlo.
III. Mientras estés trabajando, intenta sustraerte a la medianía de la cotidianidad. Una quietud a medias, acompañada de ruidos triviales, degrada. En cambio, el acompañamiento de un estudio musical o de un murmullo de voces puede resultar tan significativo para el trabajo como el perceptible silencio de la noche. Si éste agudiza el oído interior, aquél se convierte en la piedra de toque de una dicción cuya plenitud sepulta en sí misma hasta los ruidos excéntricos.
IV. Evita emplear cualquier tipo de útiles. Aferrarse pedantemente a ciertos papeles, plumas, tintas, no es provechoso. No el lujo, pero sí la abundancia de estos materiales es imprescindible.
V. No dejes pasar de incógnito ningún pensamiento, y lleva tu cuaderno de notas con el mismo rigor con que las autoridades llevan el registro de extranjeros.
VI. Que tu pluma sea reacia a la inspiración; así la atraerá hacia ella con la fuerza del imán. Cuanto más cautela pongas al anotar una ocurrencia, más madura y plenamente se te entregará. La palabra conquista al pensamiento, pero la escritura lo domina.
VII. Nunca dejes de escribir porque ya no se te ocurra nada. Es un imperativo del honor literario interrumpirse solamente cuando haya que respetar algún plazo (una cena, una cita) o la obra esté ya concluida.
VIII. Ocupa las intermitencias de la inspiración pasando en limpio lo escrito. Al hacerlo se despertará la intuición.
IX. Nalia dies sine linea —pero sí semanas.
X. Nunca des por concluida una obra que no te haya retenido alguna vez desde el atardecer hasta el despuntar del día siguiente.
XI. No escribas la conclusión de la obra en tu cuarto de trabajo habitual. En él no encontrarías el valor para hacerlo.
XII. Fases de la composición: idea-estilo-escritura. El sentido de fijar un texto pasándolo en limpio es que la atención ya sólo se centra en la caligrafía. La idea mata la inspiración, el estilo encadena la idea, la escritura remunera al estilo.
XIII. La obra es la mascarilla funeraria de la concepción.


TRECE TESIS CONTRA LOS ΕSNOBS

(Esnob en el despacho privado de la crítica de arte. A la izquierda, un dibujo infantil, a la derecha, un fetiche. Esnob: «Ante esto, todo Picasso es una auténtica birria».)

I. El artista hace una obra. El primitivo se expresa en documentos.
II. La obra de arte sólo incidentalmente es un documento.
Ningún documento es, en cuanto tal, obra de arte.
III. La obra de arte es una pieza de examen.
El documento sirve de pieza didáctica.
IV. En la obra de arte aprenden su oficio los artistas.
Ante los documentos se educa a un público.
V. Las obras de arte se mantienen alejadas unas de otras por su perfección.
En el material se comunican los documentos.
VI. Contenido (Inhalt) y forma (Form) son una sola cosa en la obra de arte: tenor (Gebalt). En los          documentos domina por completo el material.
VII. Tenor es todo lo que ha sido sometido a prueba.
Material es lo soñado.
VIII. En la obra de arte, el material es un lastre que la contemplación desecha.
Cuanto más profundamente se pierde uno en un documento, más denso se vuelve el material.
IX. En la obra de arte, la ley de la forma es central.
En el documento, las formas sólo están desperdigadas.
X La obra de arte es sintética: central eléctrica.
La productividad de un documento exige análisis.
XI. La contemplación repetida potencia una obra de arte.
Un documento sólo subyuga por sorpresa.
XII. La virilidad de las obras está en el ataque.
Al documento su inocencia le sirve de cobertura.
XIII. Tenor es lo que el artista intenta conquistar.
El hombre primitivo se atrinchera detrás de los materiales.


NR. 13

    Treize j'eus un plaisir cruel de m'arreter
    sur ce nombre.
    MARCEL PROUST

    Le reploiement vierge du livre, encore, préte à
    un sacrifice dont seigna la tranche rouge des
    anciens tomes; l'introduction d'une arme, ou
    coupe-papier, pour établir la prise de possession.
    STÉPHANE MALLARMÉ


I. Los libros y las prostitutas pueden llevarse a la cama.
II. Los libros y las prostitutas entrecruzan el tiempo. Dominan la noche como el día y el día como la noche.
III. Nadie nota en los libros ni en las prostitutas que los minutos les son preciosos. Sólo al intimar un poco más con ellos, se advierte cuánta prisa tienen. No dejan de calcular mientras nosotros nos adentramos en ellos.
IV. Los libros y las prostitutas se han amado desde siempre con un amor desgraciado.
V. Los libros y las prostitutas tienen cada cual su tipo de hombres que viven de ellos y los atormentan. A los libros, los críticos.
VI. Libros y prostitutas en casas públicas… para estudiantes.
VII. Libros y prostitutas: raras veces verá su final quien los haya poseído. Suelen desaparecer antes de perecer.
VII. Qué gustosa y embusteramente cuentan los libros y las prostitutas cómo han llegado a ser lo que son. En realidad, muchas veces ni ellos mismos se dan cuenta. Durante años se cede a todo «por amor», hasta que un buen día aparece en la calle convertido en un voluminoso «corpus» que se pone en venta, aquello que, «por amor a la causa», nunca había pasado de ser un vago proyecto.
IX. A los libros y a las prostitutas les gusta lucir el lomo cuando se exhiben,
X. Los libros y las prostitutas se multiplican mucho.
XI. Libros y prostitutas: «vieja beata —joven golfa—». ¡De cuántos libros proscritos antaño no ha de aprender hoy la juventud!
XII. Los libros y las prostitutas ventilan sus discusiones en público.
XIII. Libros y prostitutas: las notas al pie de página son para aquéllos lo que, para éstas, los billetes ocultos en la media.


Traducción de Juan J. del Solar y Mercedes Allende Salazar

sábado, 9 de julio de 2011

FRIEDRICH NIETZSCHE



"LA PARÁBOLA DEL LOCO CON LA LINTERNA"
 .
"¿No habéis oído hablar de ese hombre loco que, en pleno día, encendía una linterna y echaba a correr por la plaza pública, gritando sin cesar, “busco a Dios, busco a Dios”? Como allí había muchos que no creían en Dios, su grito provocó la hilaridad. “Qué, ¿se ha perdido Dios?”, decía uno. “¿Se ha perdido como un niño pequeño?”, preguntaba otro. “¿O es que está escondido? ¿Tiene miedo de nosotros? ¿Se ha embarcado? ¿Ha emigrado?” Así gritaban y reían con gran confusión. El loco se precipitó en medio de ellos y los traspasó con la mirada: “¿Dónde se ha ido Dios? Yo os lo voy a decir”, les gritó. ¡Nosotros lo hemos matado, vosotros y yo! ¡Todos somos sus asesinos! Pero, ¿cómo hemos podido hacer eso? ¿Cómo hemos podido vaciar el mar? ¿Y quién nos ha dado la esponja para secar el horizonte? ¿Qué hemos hecho al separar esta tierra de la cadena de su sol? ¿Adónde se dirigen ahora sus movimientos? ¿Lejos de todos los soles? ¿No caemos incesantemente? ¿Hacia adelante, hacia atrás, de lado, de todos lados? ¿Hay aún un arriba y un abajo? ¿No vamos como errantes a través de una nada infinita? ¿No nos persigue el vacío con su aliento? ¿No hace más frío? ¿No veis oscurecer, cada vez más, cada vez más? ¿No es necesario encender linternas en pleno mediodía? ¿No oímos todavía el ruido de los sepultureros que entierran a Dios? ¿Nada olfateamos aún de la descomposición divina? ¡También los dioses se descomponen! ¡Dios ha muerto y nosotros somos quienes lo hemos matado! ¿Cómo nos consolaremos, nosotros, asesinos entre los asesinos? Lo que el mundo poseía de más sagrado y poderoso se ha desangrado bajo nuestro cuchillo. ¿Quién borrará de nosotros esa sangre? ¿Qué agua podrá purificarnos? ¿Qué expiaciones, qué juegos nos veremos forzados a inventar? ¿No es excesiva para nosotros la grandeza de este acto? ¿No estamos forzados a convertirnos en dioses, al menos para parecer dignos de los dioses? No hubo en el mundo acto más grandioso y las futuras generaciones serán, por este acto, parte de una historia más alta de lo que hasta el presente fue la historia. Aquí calló el loco y miró de nuevo a sus oyentes; ellos también callaron y le contemplaron con extrañeza. Por último, arrojó al suelo la linterna, que se apagó y rompió en mil pedazos: “He llegado demasiado pronto, dijo. No es aún mi hora. Este gran acontecimiento está en camino, todavía no ha llegado a oídos de los hombres. Es necesario dar tiempo al relámpago y al trueno, es necesario dar tiempo a la luz de los astros, tiempo a las acciones, cuando ya han sido realizadas, para ser vistas y oídas. Este acto está más lejos de los hombres que el acto más distante; y, sin embargo, ellos lo han realizado.”

lunes, 26 de julio de 2010

jueves, 4 de marzo de 2010

EMILIO LLEDÓ


Escrito por Lledó con motivo del Congreso Virtual de la Lengua Española Babelia que se lleva a cabo desde el 1 hasta el 5 de marzo.


Cuando me propusieron la intervención en este acto estuve dudando no sólo en aceptar tal intervención, sino en qué tema abordar que pudiera servir en una ocasión como ésta. Salí de dudas al encontrar mi nombre, en algunos medios de comunicación, acompañado del adjetivo “filósofo”. Tengo tanto respeto por tan sonora palabra que me parecía excesivo y un no sé si anacrónico semejante epíteto. ¡Qué más quisiéramos que ser filósofos, sabios, inteligentes, conocedores de lo que verdaderamente importa en la vida, de la trama que teje nuestros intereses, nuestros deseos y pasiones, nuestras elecciones y rechazos, nuestras verdades y mentiras!

Solo soy un profesor de Filosofía que ha creído siempre que es el espejo del lenguaje el lugar donde anida y vuela el conocimiento. Intentaré, pues, cumplir, una vez más, con su oficio en una breve reflexión sobre uno de los aspectos de la comunicación y las palabras.

1.- La filosofía, como es sabido, se inició con el asombro –thaumasía-. Una extrañeza ante el mundo que los seres humanos intentaban comprender, asimilar, decir. Un asombro provocado por la experiencia de vivir, de sentir y, al mismo tiempo, por conocer el significado de todo aquello que rodeaba cada existencia. También el significado de las palabras. Por ello fue la filología el descubrimiento de la diferencia entre lo que decimos y lo que queremos decir

El asombro implicó una distancia, una lejanía de todo lo que nos asombraba. Y esa distancia creada por la necesidad del “todavía no saber”, ese maravilloso dominio de abstracciones, dio lugar a la theoría. Teoría significó mirada, visión, que requería ser interpretada, ser dicha. El hallazgo de ese dominio que se extendía desde nuestros sentidos, nuestros ojos, hasta el posible objeto real del que desconocíamos su significado creó el lugar teórico donde se fundó la cultura, la paideía; el campo donde floreció el universo del lenguaje.

Un territorio intermedio que construido por el asombro y la pasión de conocimiento, acabó consolidándose en palabras, origen de comunicación y solidaridad. Ese despertar al saber, al decir; ese nacimiento al espacio ideal del lenguaje, estableció el exclusivo principio de la humanización. Una humanización que fue incorporando el inmenso continente de lo que decíamos sobre el mundo, y en el que ese decir iba entrando en nuestra alma que “es todas las cosas”, - según la expresión de “los primeros que filosofaron- y que puede “decir todas las cosas”. Un decir que se asentó en cada individuo y que, muchas veces, aun sin ser consciente de ello, le hizo estar en la realidad, construir la realidad y, de paso, construirse a sí mismo.

Tan profundamente forja nuestra personalidad que aquello que es “cultura”, invento de los seres humanos impulsados por la necesidad de convivencia y comunicación, ha llegado a rebajarse, de nuevo, a simple naturaleza, a un organismo que nos alienta y mantiene con la misma precisión soledad e inconsciencia con que nos sustenta nuestro cuerpo. Una sorprendente paradoja: Lo que es fruto y tejido de la memoria puede ser también el oscuro, infinito desierto del olvido.

2.- Al comienzo de su libro Sobre la diversidad del lenguaje humano y su influencia en el desarrollo espiritual de la humanidad”, Guillermo de Humboldt hizo una observación que me parece oportuna recordar.

El texto de Humboldt dice así: El lenguaje es: la fuerza del espíritu humano que se ha manifestado a lo largo de milenios… Y su manifestación es el objetivo supremo de ese movimiento espiritual, la idea suprema que la historia universal ha de ir sacando a la luz. Pues esta elevación o ensanchamiento de la existencia interior es lo único que el individuo puede tener por patrimonio indestructible en la medida en que participe de ello, y es para la nación lo que infaliblemente hará que nazcan y se desarrollen en ella las grandes personalidades. Se trata pues de una elevación (Erhöhung) y, sobre todo, de un ensanchamiento (Erweiterung), de una ampliación de la existencia personal que nos indica un nuevo y habitable espacio. Más allá de la vida de la naturaleza que nos identifica con los demás mamíferos, hay otro impulso, otra energía, que eleva y transforma nuestro originario estar. Y esa transformación sobreviene y palpita en el lenguaje y en el uso que aprendemos a hacer de él. No sólo estamos en el cálido cobijo del espacio, sino que habitamos en el tiempo no medido de las palabras. La “existencia interior” a la que Humboldt se refiere exige siempre ser recobrada, ser vivida desde el fondo de cada consciencia personal, de cada lenguaje. La necesidad de saber, de interpretar, requiere también mantenerse despierto a la luz de la reflexión para no sucumbir ante la opresión de las frases hechas, de los conceptos resbalados por nuestra mente, recorridos por la ignorancia y la sumisión, alojados en el lenguaje de los otros, de quienes, no nos “hacen” hablar, sino que pervierten y aniquilan la capacidad de entender.

3.- Un animal que habla, decía la luminosa y certera definición aristotélica. Ese hablar consistía en un “aire semántico” –phoné semantike-, en un soplo cargado de sentido y que articulado en nuestra boca no sólo es capaz de señalar el mundo, de decirlo y, en cierto sentido, de crearlo, sino de “sentirnos” con los demás, de amistarnos con los otros. Esta comunicación permitió, entre otras cosas, inventar la solidaridad, inventar la ciudad, inventar la cultura.

Pero el lenguaje, el pensamiento que lo articulaba y pronunciaba, se fue haciendo en el espacio de la Polis, al aire de las tensiones que expresaban sus luchas, sus intereses y sus dominios. No es extraño, pues, que una parte de los contenidos de esas palabras, que no sólo señalaban las cosas del mundo sino las proyecciones e interpretaciones que volcábamos sobre él, se convirtieran muchas veces en objetos ideales endurecidos por las diversas formas de oligarquías que inyectaban la ideología de sus particulares conquistas.

Un momento esencial por hacer fluir las palabras endurecidas en el uso de quienes tenían el privilegio de hablarlas, fue la revolución que, en Grecia, puso en marcha el movimiento de los sofistas. El lenguaje se convierte, en virtud de la crítica que sobre las palabras ejercitaron aquellos profesores ambulantes, en objeto de reflexión donde a través de las preguntas hechas al tejido que enhebra los significados, levantamos y aireamos esa inercia semántica que se había ido cuajando al uso de los prejuicios de sus usuarios. El inmóvil espejo de las palabras convertido así en un río desde cuyas orillas la mirada ve discurrir las imágenes de la vida, los sentimientos, las pasiones, los deseos, los sueños que, en cada instante, determinan la posibilidad, la libertad de existir.

4.- Mirar el presente del lenguaje en el territorio vivo de la polis, de la ciudad, es dejar que palpite la vida en la experiencia y espíritu de las palabras. Y ese palpitar lo encontramos allí donde se paraliza el curso de tiempo en el surco de la escritura. La palabra escrita impedirá que la annorum series et fuga temporum, como anunciaba el verso del poeta latino. se evapore como pura oralidad, surgida de la individual memoria –el saber previo de las palabras- y se esfume en el tiempo mismo de su expresión. El receptor entiende la palabra dicha porque se encaja en la propia memoria que es, en realidad, el lugar del ser, el dominio del Logos. Pero ambos, tanto el que habla como el que escucha están desapareciendo atravesados por el hilo invisible de los instantes, de cada instante. Como es sabido, en el Fedro de Platón se discute si las letras no serán el fármaco contra el olvido según Theuth dice al rey de Egipto Thamus, sino como éste sostiene: Las letras producirán el olvido en las almas de quienes las aprendan, al descuidar la memoria (personal), ya que fiándose de lo escrito, llegarán al recuerdo desde fuera, a través de caracteres ajenos, no desde dentro, desde ellos mismos y por sí mismos…las palabras ruedan por la historia, tanto entre los que saben .. como entre los que no les importa saber lo que significan de verdad. Por ello, concluye Sócrates, hay que crear un lenguaje que tenga fundamento, que haga fondo en el alma y sea capaz de defenderse a sí mismo, sabiendo con quienes hablar y ante quienes callar, o mejor, qué dice ese lenguaje, qué oculta y quienes lo ocultan.

5.- Una buena parte de la filosofía del lenguaje de Humboldt y del romanticismo alemán renueva esos orígenes en donde se descubre, con asombro, el sentido del logos. Porque en un mundo donde los medios de comunicación se han convertido en una especie de atmosfera ideal en la que nos deslizamos y donde la supuesta facilidad de información acaba saturando, diluyendo, el tiempo que tenemos para entender, urge alcanzar la luz que brilla a la salida de la caverna.

Recuerdo la simbología inagotable de aquella inmensa metáfora en el libro VII de la Republica de Platón y en la que se expresa la estructura del conocimiento y su lenguaje. En el famoso”mito de la caverna” hay, como es sabido, unos prisioneros mirando siempre al fondo de esa gruta en la que ven una deformación de la realidad y del lenguaje que la dice. Detrás de ellos, las sombras de la caverna y una hoguera, siempre encendida, que les proyecta imágenes de una misteriosa procesión de objetos arrastrados por ignorantes porteadores. No pueden advertir la tramoya, el tinglado de sombras construido a sus espaldas. Creen que lo que ven es lo que hay, que las sombras son las cosas. En lugar, pues, de ese peso, esa textura de la materia que tocamos y acariciamos con nuestras manos; - manos que como afirmaba el viejo filósofo presocrático fueron las creadoras y moldeadoras del pensamiento- sólo podemos mirar sin ver, observar sin saber, acatar sin liberar. Una mirada vacía porque no interpreta, no entiende. Si uno de esos prisioneros fuera liberado y pudiese ascender hacia la luz del sol que brilla a la salida, podría descubrir el engaño y gozar de la verdadera realidad que la verdadera luz ilumina. Un símbolo certero de la existencia. Encerrados, nacidos en el fondo de un lenguaje materno, que alimenta la realidad sobre la que crecemos y que nos va abriendo, paso a paso, al aprendizaje de los objetos, de los significados, podemos habituarnos de tal manera a su uso que acabemos sumergiéndonos, naufragando, en él. En ese escenario mediático que hoy nos amarra, el fondo de la caverna se ha hecho infinito: casi todo puede verse en él, proyectarse en él, oírse en él. Por eso, más que nunca, es preciso el rescate de los prisioneros desde el escenario mismo de las palabras que a pesar de la oscuridad inicial a la que nos hemos acostumbrado, son fuente de posibilidad y primer sendero de liberación.

6.- Esa liberación ocurre cuando sabemos arrancar de la siempre fecunda lengua materna, la voz singular, la palabra propia, la lengua matriz que, realmente, nos humaniza. Porque nacer en una lengua es un azar del que apenas somos responsables: Un hecho casual en el que no hemos intervenido. Nadie puede enorgullecerse de un lenguaje que, sin duda nos nutre, pero la habitación, la casa que en él nos acoge es un simple y azaroso alquiler. Heidegger, en una frase brillante, repetida hasta la saciedad, había dicho que el lenguaje es la “casa del ser”. Pero la casa necesita ser habitada, ser vivida. Y la vida consiste en la transformación de esa morada en vivienda, de esa lengua materna en lengua matriz. Una lengua personal, hecha por nosotros mismos, por nuestra “mismidad”, iluminada por nuestra experiencia y nuestra singular recepción e interpretación. Sólo si aprendemos a construir esa lengua que somos, empezamos a entrar en el verdadero territorio humano, en el territorio de la libertad. De esta lengua matriz sí que somos responsables, de esa lengua que nos habla, que nos convierte en habla. Una lengua que encarna en nuestra pequeña vida individual la larga experiencia de la decencia y la areté que había soñado el filósofo griego como ideal de los seres humanos. Habla para que te conozca y sepa quien eres.

7.- No puedo por menos de recobrar otro texto clásico, muchos siglos antes de que se expresase el verdadero territorio de la cultura: Ese “ser interior” que va a forjar la consciencia y la existencia humana. En la Política de Aristóteles hay un pasaje que la ya larga tradición y recepción no ha podido desgastar: La razón por la que el hombre es más que la abeja o cualquier animal gregario, un animal social es evidente: la naturaleza, como solemos decir, no hace nada en vano y el hombre es el único animal que tiene palabra. La voz es signo del dolor y del placer y por eso la tienen también los demás animales, pues su naturaleza alcanza a tener sentido de dolor y de placer y significárselo unos a otros, pero la palabra es para manifestar lo conveniente y lo dañino, lo justo y lo injusto, y es exclusivo del hombre frente a los demás animales, el tener el sólo el sentido del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto y la comunidad de estas cosas es lo que constituye la casa y la ciudad. (Política, I, 1253ª10-18)

La voz que expresa el dolor y el placer del cuerpo tiene, en los seres humanos, otra función más importante que la de descubrir el estado de su propia corporeidad. La cultura griega atisbó el horizonte en el que se forjaba una original misión. Una misión difícil, pero nada utópica porque en su cumplimiento se realizaba ese “ideal de la humanidad” al que Humboldt se refería.

Aquello, pues, que hace posible la cultura, la ciudadanía, la convivencia entre los hombres, la amistad no es sino un juego de fuerzas entre esos principios opuestos del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto. El texto aristotélico afirma que es exclusivo del hombre el experimentar su existencia ante el horizonte de esas aparentes oposiciones. Aparentes porque a la esencia misma de la realidad no le es consustancial lo que, en principio, la destruye. El orden del universo, la armonía de las estrellas, el ritmo coherente de los latidos de nuestro corazón son muestra de una “bondad” de la naturaleza que mide y acompasa la organización de la existencia, el organismo de la vida. La cultura que señalaba el mundo con las palabras inventó otra serie de elementos que configuran ese espacio intermedio entre la naturaleza y la mente. Un espacio necesario como aquellos elementos, el agua, el aire, la tierra ante los que se asombraron los primeros filósofos

8.- En este momento aparece, en el lenguaje, un universo ético donde se configuran los ideales, los sueños y, tal vez, las utopías del existir. Los seres humanos comenzaron a buscar, en sus formas de indicar la realidad, una perspectiva en la que además se configuraran otros elementos tan sustanciales como el agua o la tierra, y que sirvieran para fundar las estructuras que marcaban el convivir.

En el fondo era un problema de amistad, de concordia, que llevaba en las entrañas de la comunicación las semillas que la hacían posible. Había, pues que buscar la armonía de tensiones opuestas como la del arco y la lira (Heráclito, frag. 51). Porque la physis que era organismo coherente y consonante mostraba, en el marco de la sociedad, una tensión que también había descubierto el filósofo de la “armonía de los contrarios” La guerra es el padre de todas las cosas, el rey de todo; a unos le hace dioses y a otros hombres, a unos les hace esclavos y a otros libres (Frag. 53) Esa lucha no parecía ser siempre contra los otros, por el conflicto que origina la defensa de la propia naturaleza, de la vida individual, sino en lo que Humboldt había llamado la búsqueda y la tensión hacia la “existencia interior”.

Un impresionante texto de las Leyes de Platón expresa, comenta y remedia esas tensiones: Lo que la mayoría de las gentes llaman paz no es más que un nombre y en realidad hay por naturaleza una guerra perpetua y no declarada de cada ciudad contra todas las demás…¿Y acaso siendo eso verdad de las ciudades con respecto a otras ciudades lo es también de una aldea contra otra aldea y una casa respecto a otra casa y de un hombre respecto a otro hombre …y uno mismo con respecto a si mismo ha de considerarse también como enemigo?

La respuesta de Clinias a su compañero ateniense es sobrecogedora: todos los hombres son pública o privadamente enemigo de todos los demás y cada uno también enemigo de sí mismo. (I,626a2,ss.) Pero inmediatamente encontramos en la Paideía, en la educación, el remedio para tanta derrota. (I, 626e; I, 643d-644a) Y esa educación, consiste, esencialmente, en un cultivo, una cultura de las palabras, de lo que sentimos y pensamos, de lo que enriquece la sensibilidad y el entendimiento.

9.- El lenguaje tiene en sus estructuras unos “principios” (stoicheiai) más teóricos que los que sostienen a la naturaleza, pero no, por ello, menos fundamentales: la verdad, el bien, la belleza, la justicia representan, entre otros conceptos, los hilos que tejen el tapiz donde se hace presente el “ideal de la humanidad”.

Es cierto que ese ideal puede parecer utópico; pero utópico no quiere decir inalcanzable, sino lejano, arduo, lleno de dificultades; y nunca imposible. Porque si lo fuera no habrían llegado los hombres a descubrir esas palabras, a desearlas, a soñarlas, a idearlas. La existencia de ese lenguaje fundamental y fundador señala una nueva forma de globalización que latía, desde su origen, en el seno de las palabras. A través de ese horizonte se vislumbra ya una función consustancial a la comunicación. No podía funcionar relación personal alguna si, en el espacio de la sociedad, no existían estructuras semánticas que hermanasen el campo verbal donde la verdad o el bien se asientan.

10.-En la cultura griega apareció el término spoudaios, el “hombre decente”, el que se considera “amigo de sí mismo” porque puede mirar, sin avergonzarse en su mismidad y encuentra en ella el limpio reflejo de las otras mismidades con las que amistarse. Una amistad que encarna en la praxis individual el ideal de las palabras esenciales. La areté, y el hombre decente y justo son la medida de todas las cosas y ello es posible porque quiere preservar aquella parte suya con la que piensa. Porque la existencia, (el latido de la vida), es un bien para el hombre decente y todo hombre quiere para él) el bien y a condición de volverse otro nadie querría tenerlo todo…, sino siendo lo que es y parece que el ser de cada uno consisten en el pensar. (Aristóteles E.N. IX 1166ª 1 sgs) Un pensamiento que no es sino la infinita articulación que crea el lenguaje y el mundo de la mirada mental. Un mundo que a través de la educación en las palabras, en los conceptos que las alimentan, es capaz de convertir esos elementos conceptuales de la verdad o el bien en el auténtico estímulo del vivir.

El lenguaje no es sólo un medio de comunicación, sino un mundo por conquistar cada día a la luz de ese ideal ético que convierte a la existencia humana, a pesar de todas las violencias y adversidades, en una empresa gozosa, en un asombroso destino. En la lengua española de los últimos decenios, hizo fortuna la brillante expresión orteguiana: “Yo soy yo y mi circunstancia”. En nuestros tiempos, pienso que la frase ha quedado demasiado alejada del espacio donde se entreteje el Yo: La proyección hacia la intimidad, hacia la peculiar y singular identidad. Tal vez podríamos modular la conocida tesis afirmando: Yo soy yo y mi lenguaje. Yo soy lenguaje. Unas manos etéreas, hechas de prejuicios, de egoísmos, de oscuridad y luz, de veracidad y falsedad. La educación en ese lenguaje que nos constituye, puede servirnos para iluminar la realidad, para vivir, para llegar a ser, para deber ser.






miércoles, 11 de noviembre de 2009

BORRAR LIBROS = QUEMAR LIBROS


Docente denunciado por la Cámara Argentina del Libro

El abogado Raúl Alejandro Ochoa, apoderado de la Cámara Argentina del Libro, inició una causa criminal contra el profesor de filosofía Horacio Potel por infracción a la ley 11.723 de propiedad intelctual. Potel es el creador de los sitios Nietzsche en Castellano (www.nietzscheana.com.ar), Heidegger en Castellano (www.heideggeriana.com.ar) y Derrida en Castellano (www.jacquesderrida.com.ar).
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Estos sitios ofrecían una completa relación de los textos, vida y obra de los tres filósofos, además de fotos, biografías, comentarios y enlaces. El más antiguo es el de Nietzsche, que cuenta desde su inicio y hasta hoy con más de cuatro millones de visitas. El buscador Google sitúa a los tres sitios entre las primeras respuestas a las búsquedas por nombre de los autores.
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Potel tomó conocimiento de la denuncia en su contra gracias a la vista de un agente de policía encargado de establecer su domicilo, en el barrio porteño de Montserrat. "Usted sabrá en qué anda" respondió el agente cuande se le preguntó cuál era el motivo de la averiguación.
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La causa lleva el número 57.627 y actúan el juzgado en lo criminal de instrucción Nº 37 y la Fiscalía 49. Los imputados son los sitios sobre Heidegger y Derrida, ya que la investigación preliminar realizada por la Unidad Fiscal de investigación de Delitos Tributarios y Contrabando (UFITCO) estableció -gracias a la lectura de la página web denunciada- que el fallecimiento de Friedrich Whilem Nietzsche ocurrió en el año 1900, superando los 70 años establecidos por la ley para la conservación de los derechos de autor.
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Potel enfrenta hoy la posibilidad de sufrir la intervención de su teléfono, sus casillas de correo electrónico (obtenidas por UFITCO gracias a los servicios de la empresa Telexplorer, según consta en el expediente) y el allanamiento de su domicilio. Esto último, con el fundamento de "establecer el lugar físico donde se origina el hecho".
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Las páginas Derrida en Castellano y Heidegger en castellano fueron vaciadas de sus contenidos por el propio Potel. Los enlaces que iban a los textos hoy muestran la leyenda "Este sitio ha sido desactivado debido a una acción judicial iniciada por la CÁMARA ARGENTINA DEL LIBRO"
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A partir de la publicación de esa leyenda y de una nota informativa en la red social Facebook, la Red empezó a reaccionar. Potel recibe diariamente mensajes de solidaridad de académicos, estudiantes y autores tanto de Argentina como de varios países como Chile, Ecuador, México y España. La mayoría de estos mensajes hacen referencia a la imprescindibilidad de las páginas para el estudio, la investigación y la difusión de las obras de Derrida y Heidegger en países en los que el costo de los libros hace prácticamente imposible su adquisición para miles de estudiantes, además de no estar algunos de ellos disponibles en librerías.
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Potel entiende a los sitios como "Bibliotecas públicas on line". "Nunca lucré ni tuve la intención de lucrar con la publicación de las páginas. En 1999 (cuando empecé con el sitio Nietzsche en Castellano) estaba fascinado por las infinitas posibilidades que la red ofrece para el intercambio de conocimientos.Estos sitios son mi mejor obra, y para mí es trágico haber tenido que removerlos. Son el fruto de muchísimo trabajo y fueron totalmente financiados por mí. No entiendo por qué tanta necesidad punitiva por parte de una corporación (se refiere a la CAL) que dice defender la lectura, la educación y la cultura".
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La Cámara Argentina del Libro cuenta con el cuestionable antecedente de haber hecho allanar la sede de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA e incluso logró condenar a algunos docentes por hacer que los alumnos fotocopien material bibliográfico. La escena de la policía entrando a Puán es recordada con estupor por muchos miembros de esa comunidad académica.
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Más información:
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martes, 10 de noviembre de 2009

Peter Marcek


PENSAMIENTOS CON"EL SEGUNDO SEXO"


Dra. Begoña Siles Ojeda
Profesora de Narrativa Audiovisual
Dpto. de Comunicación Audiovisual
Ciencias de la Información CEU
San Pablo de Valencia


De alguna manera se podría decir que "El segundo sexo" de Simone de Beauvoir es un libro "no-pensado". No pensado premeditada ni precipitadamente. Este ensayo que vio la luz hace cincuenta años, exactamente el 24 de mayo de 1949, se gestó cuando Simone de Beauvoir estaba decidida a escribir su autobiografía. Hablar de sí misma supuso para esta autora plantearse una cuestión previa: ¿qué había supuesto para ella el hecho de ser mujer?
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"Tal pregunta - pensaba- no me ha ocasionado problemas, nunca me he sentido inferior por ser mujer; la feminidad no ha sido una traba para mí." "Sin embargo - le hizo notar Sartre- no has sido educada de la misma manera que un chico. Convendría que reflexionases sobre ello." (1)

Sin poder elidir esa pregunta, Simone de Beauvoir se desvió de su idea de contar un relato sobre ella misma, para adentrarse en la reflexión sobre LA MUJER y LA FEMINIDAD.
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Así pues, a causa de esa pregunta imprevista y azarosa que se interpuso entre el proyecto previsto, la autobiografía, y el "ser pensado" de Simone de Beauvoir, surgió uno de los textos más subversivos escritos en esta segunda mitad del siglo XX: "El segundo sexo".
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La duda que incita a iniciar el recorrido de la reflexión ya estaba planteada. "¿La mujer?" es la interrogación con la que se inicia la primera parte, "Destino", del primer tomo titulado "Los hechos y los mitos"; el segundo tomo, "La experiencia vivida", comienza con la frase más emblemática y transgresora de esta obra, "no se nace mujer: se llega a serlo". Y dando sentido a estas dos citas, aquí descontextualizadas, todo un ensayo acerca de ese "segundo sexo" llamado MUJER - tal y como la denomina el discurso patriarcal-.


LA MUJER COMO EL "OTRO"

Simone de Beauvoir analiza la condición de la mujer en las sociedades occidentales desde la perspectiva de la filosofía existencialista. De este modo, en la primera parte de su ensayo, "Los hechos y los mitos" , investiga cómo y por qué los fundamentos de la biología, el psicoanálisis, el materialismo histórico y la mitología han configurado a la mujer a través de sus discursos como el "Otro". Una categoría, la de la alteridad, que aparece como un a priori de la especie humana: "la categoría de otro es tan originaria como la conciencia misma" (2). Para esta autora, siguiendo los pasos establecidos por Lévi-Strauss en Las estructuras elementales del parentesco, todos los discursos generados por las sociedades se han estructurado bajo los parámetros de dualidad y alteridad: lo Mismo y lo Otro. Pero De Beauvoir observa que en toda estructura dual los términos que la componen mantienen una relación de reciprocidad y relatividad entre ellos, menos en el caso del hombre y la mujer. Hecho éste que le lleva a preguntarse: "¿Cómo es posible entonces que entre los sexos esta reciprocidad no se haya planteado, que uno de los términos se haya afirmado como el único esencial, negando toda relatividad con respecto a su correlato, definiéndolo como la alteridad pura? ¿Por qué las mujeres no cuestionan la soberanía masculina? Ningún sujeto se enuncia, de entrada y espontáneamente, como inesencial; lo otro, al definirse como Otro, no define lo Uno: pasa a ser lo Otro, cuando lo Uno se posiciona como Uno. Sin embargo, cuando no se opera esta inversión de Otro en Uno, será porque existe un sometimiento a este punto de vista ajeno. ¿De dónde viene en la mujer esta sumisión?".(3)

Por lo tanto, esta carencia de reciprocidad sólo se puede contestar si se piensa las relaciones entre hombre/mujer como simétricas a las de amo/esclavo de la dialéctica hegeliana de la autoconciencia. En esta dialéctica la conciencia masculina es independiente porque asume el papel de lo esencial, mientras la conciencia femenina es dependiente porque encuentra su razón de ser en la conciencia libre del hombre.

De este modo, se configura a la mujer en la categoría del "otro", como no-sujeto, objeto intrascendente opuesto al hombre que se constituye como el sujeto trascendente.
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Si en el primer tomo Simone de Beauvoir desconstruye los grandes discursos occidentales para analizar qué es la mujer, en el segundo tomo, "La experiencia vivida", hace una reconstrucción de cómo viven las mujeres su condición - de oprimidas-.

"La experiencia vivida" se elabora con diferentes materiales de mujeres, tales como diarios, testimonios directos, historiales clínicos... Y con todo ello, Simone De Beauvior reconstruye la "experiencia vivida" de las mujeres.

Para recrear la realidad concreta de las mujeres, en esta segunda parte de su obra, la autora analiza cómo se ha estructurado social y culturalmente la situación de opresión que viven las mujeres reales y concretas de la sociedad. Un trayecto que atraviesa varios entramados: uno de ellos denominado "Formación" , en el cual trata el estudio de la infancia, la adolescencia, la juventud y la iniciación sexual; el segundo llamado "Situación" donde se analizan varios aspectos de la figura adulta femenina, como la mujer casada, la madre, la vida social, la prostitución, la madurez y la vejez.

Y para finalizar indica las diferentes vías que tienen las mujeres para salir de esta situación de alienación. Así pues, por una parte, expone los modos a través de los cuales se tipifica a la mujer dentro de los estereotipos de narcisista, mística y/o enamorada. Formas, todas ellas, consideradas por esta autora como "salidas ilegítimas", al no afirmar a la mujer como un sujeto trascendente. Y, por otra, en la cuarta y última parte de su obra, titulada "Hacia la liberación", especifica las dos únicas "salidas" consideradas válidas. Una salida basada fundamentalmente en la independencia económica como condición de posibilidad de toda independencia legal, social, cultural. Y una segunda salida que debe ir unida a la lucha colectiva, es decir, el grupo de mujeres ha de tomar conciencia de su opresión como única posibilidad para la emancipación individual.
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Probablemente, "El segundo sexo" es la obra sobre la condición de la mujer que más impacto ha tenido en esta segunda mitad del siglo XX. Y, además, el ensayo que más ha influido tanto a mujeres individuales, generación tras generación desde su publicación hace ahora cincuenta años, como a la reactivación y al auge de la segunda ola del movimiento feminista, el neo-feminismo, surgido a finales de los años sesenta y principios de los setenta.

Simone de Beauvoir creó, más allá de su intención consciente y su condición feminista -en 1970 fue cuando declaró: "Soy feminista"-, uno de los libros más transgresores con respecto al pensamiento patriarcal y occidental de este siglo. "El segundo sexo" al recorrer diferentes metarrelatos patriarcales -el científico, en sus vertientes médica, biológica y psicoanalítica; el filosófico, en autores como Hegel, Kant y Heiddegger; el histórico, en su corriente materialista, y, por último, el mitológico- desconstruye una de las normas sobre la que se asientan los discursos de dichos relatos: la construcción de la mujer y de lo femenino como el "otro" (objeto, naturaleza, sede de la sexualidad), y, por tanto, como esencia eterna. Esta obra transgrede dicha norma para proclamar en una frase el fundamento de la transgresión: "No se nace mujer: se llega a serlo". Con esta frase negó la existencia de un destino biológico para la mujer. "Ser mujer no es esencia ni destino" es, ante todo, una construcción cultural, histórica y social.


CINCUENTA AÑOS DESPUES

No cabe duda, cincuenta años después de su publicación "El segundo sexo" mantiene su fuerza: todas las cuestiones planteadas por Simone de Beauvoir siguen vigentes, aunque con otros tintes, dentro del debate del movimiento feminista.

Porque el movimiento feminista sigue demandando que la mujer acceda a la condición de sujeto. Una condición negada por el sistema patriarcal al construir a la mujer dentro de sus discursos como el "Otro". ("Ahora bien, lo que define de forma singular la situación de la mujer es que, siendo como todo ser humano una libertad autónoma, se descubre y se elige en un mundo en el que los hombres le imponen que se asuma como Alteridad; se pretende petrificarla como objeto, condenarla a la inmanencia, ya que su trascendencia será permanentemente trascendida por otra conciencia esencial y soberana")(4).

Sólo sintiendo y viendo a la mujer como el "otro" se puede entender la anulación tanto a nivel de palabra como a nivel corporal en el que viven la mayoría de las mujeres de todo el mundo. Son muchos los hechos que hablan de este silencio al que es reducido el discurso de las mujeres. Hechos tales como: la violencia física y psíquica que queda materializada en las violaciones, en los malos tratos, y el acoso sexual; o también, la "agresión quirúrgica" de la ablación a la que están sometidas muchas niñas africanas con el consentimiento de las mujeres adultas (sus madres, sus abuelas...), las cuales siguen consensuando este rito simbólico de su cultura; o, cómo no, la invisibilidad cubierta bajo los chador de las mujeres árabes, las cuales a través de las finísimas rejillas ven cómo son anuladas por gobiernos conservadores y dictatoriales subyugados por un fundamentalismo mulsulmán, o viceversa; o, la explotación laboral a la que está sometido el grupo de mujeres (entre otros) de los países llamados del "tercer mundo". Una realidad que no podemos obviar al estar diariamente reflejándose en los Medios de Comunicación.
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Y a pesar de este panorama, teñido de un color negro, no nos podemos olvidar que los derechos por la igualdad conseguidos por la mujer desde el pasado fin de siglo hasta los últimos años del presente han sido sorprendentes. Además, el acontecimiento principal de los últimos cincuenta años ha sido la visibilidad de las mujeres en el espacio público.

No obstante, conviene evitar la autocomplacencia y el estancamiento, sobre todo cuando se advierten síntomas de regresión. Una regresión que se trasluce en el sistema socio-político de los estados occidentales. Estos son algunos ejemplos de la situación actual: por una parte, unos programas políticos, los de los gobiernos occidentales, cada vez más conservadores, y que se materializan en la privatización de instituciones públicas como hospitales, centros de enseñanza..., instituciones inherentes al sistema de bienestar social; por otra, una tasa de paro muy alta que afecta principalmente a la población activa femenina; la proclamación de unos discursos a favor de la maternidad, debido a la baja tasa de natalidad, que recorre occidente sin que los gobiernos estén planteándose una reforma a todos los niveles para que la maternidad no sea una carga "suplementaria", como son las labores del hogar, tal y como decía Simone de Beauvoir. Y, claro está, que esta corriente reaccionaria del sistema sociopolítico en occidente a quien más afecta es a las mujeres.

Por eso, el movimiento feminista todavía tiene mucho que decir, a pesar de estar en estos momentos en un estado de silencio, si lo comparamos con la fuerza y la creatividad de los años setenta. Sí, el movimiento feminista actual parece estar sumergido en un silencio, al estar interiorizado por las políticas democráticas de los países occidentales: se ha transformado en la actualidad en un conjunto de políticas de gestión a través de los institutos de mujeres, está instalado académicamente, muchas feministas están dentro de los partidos políticos, algunos de ellos de ideología reaccionaria, y las asociaciones feministas están sumidas en un silencio disgregador.

Aún así, la incorporación de las mujeres al trabajo y a la vida pública es un hecho fehaciente. La idea de Simone de Beauvoir que la liberación de la mujer sólo se conseguiría a través de la independencia económica parece que se ha realizado, por lo menos entre las mujeres blancas de los países occidentales.

Pero, sin quitar importancia a la presencia de las mujeres en los espacios públicos y a su "casi total" inserción laboral, esencial para la igualdad, lo más importante para las mujeres en el fin de siglo y en la época que se avecina es algo más amplio. Su voz en los espacios públicos no sólo debe ser generalizada y activa, sino que debe ser una voz que esté cuestionando y subvirtiendo los sistemas de poder, sus reglas, sus estrategias, sus jerarquías. Del mismo modo que decía Simone de Beauvoir "( ...) no habría que creer que la mera yuxtaposición del derecho a votar y de una profesión sea una liberación perfecta: el trabajo en la actualidad no es libertad." (5)

En las sociedades, digamos avanzadas, donde las mujeres luchan por la paridad política, la igualdad laboral y el dominio del propio cuerpo, dichas mujeres, muchas de ellas asentadas en los puestos de decisión y de poder, deben rizar los parámetros de su lucha. Ante la constante crítica surgida en las sociedades occidentales contemporáneas acerca de que el espacio público se está atrofiando, erosionando, el movimiento de mujeres debe revitalizar y reconstruir ese espacio público a través de la constante subversión y cuestionamiento del modelo de poder que estructura los espacios sociales, políticos, laborales... actuales. Las mujeres blancas occidentales están en el espacio público, en el foro público, sus voces tienen posibilidades de ser escuchadas, ya no pueden seguir siendo víctimas del sistema capitalista patriarcal, sino que deben crear un discurso subversivo donde las normas de dicho sistema se vean y se oigan no como normales sino como anormales. El movimiento de mujeres debe plantear otras reglas de juego para la sociedad.

Una crítica y una subversión al sistema sociopolítico y laboral del modelo capitalista y democrático, no por el hecho innato y esencial de ser mujeres, como el feminismo de la diferencia y el posmodernismo piensan, sino por el hecho de ser sujetos, iguales, para pensar nuevos modelos de convivencia dentro del espacio público y privado.

Un pensamiento que surge, como todo pensamiento, desde la falta, en este caso desde una carencia discriminatoria que el capitalismo de consumo y de produccción está originando entre los denominados los "otros": mujeres, emigrantes, parados...

Y para ello la mujeres deben pactar entre ellas y con los hombres, en los foros actuales de los espacios públicos (sindicatos, asociaciones, medios de comunicación, partidos políticos...) y/o creando otros que puedan estar más acorde con la nueva actitud crítica.

Simone de Beauvoir decía en el suplemento literario Village Voice, en mayo, de 1984: "Desde mi punto de vista la tarea real del feminismo sólo puede ser la transformación de la sociedad a partir de la transformación del sitio de la mujer en ella".

Igual el llamado posfeminismo de final del milenio, en los países occidentales, debe reinterpretar la frase: "Desde mi punto de vista la tarea real del feminismo sólo puede ser la transformación de la sociedad a partir del pensamiento subversivo de la mujer con respecto a la estructura social, política, cultural y laboral generada por el sistema patriarcal de corte capitalista y democrático."
 
Notas

1. Simone de Beauvoir, El segundo sexo, Volumen I, Los hechos y los mitos, Madrid, Cátedra, Feminismos, 1999, pág.8.La editorial Cátedra, Feminismos, ha reeditado este emblemático ensayo sobre la mujer, para conmemorar los cincuenta años de su publicación.
El segundo sexo
de Beauvoir, SimoneAsociado a: Algunas Voces No Escuchadas
2. Ibid., pág.51.
3. Ibid., pág. 52.
4. Ibid., pág. 63.
5. Ibid., pág. 494.
© Begoña Siles Ojeda 1999Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid
El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero12/2sexo.html

sábado, 22 de agosto de 2009

El origen de la tragedia - Nietzsche

Friedrich Nietzsche


"Nada es más completamente opuesto a la interpretación, a la justificación puramente estética del mundo, aquí expuesta, que la doctrina cristiana, que no es ni quiere ser más que moral, y con sus principios absolutos, por ejemplo, con su veracidad de Dios, relega e arte, todo arte, al recindo de la mentira, es decir, le niega, le condena, le maldice. Tras semejante manera de pensar y apreciar, que por poco lógica y sincera que sea debe ser fatalmente hostil al arte, yo descubro en todo tiempo también la hostilidad a la vida, la rabiosa y vengativa repugnancia contra la vida misma, pues toda vida reposa en apariencia, arte, ilusión óptica, necesidad de perspectiva y de error. El Cristianismo fue, desde su origen, esencial y radicalmente, saciedad y disgusto de la vida, que no hacen más que disimularse y solazarse bajo la máscara de la fe en otra vida, en una vida mejor. El odio del mundo, el anatema de las pasiones, el miedo a la belleza y a la voluptuosidad, un más allá futuro inventado para denigrar mejor el presente, un deseo de aniquilación, de muerte, de reposo, en el fondo, hasta el sábado de los sábados todo esto, así como la pretensión absoluta del Cristianismo a no tener en cuenta más que valores morales, me pareció siempre la forma más peligrosa, más inquietante, de una voluntad de aniquilamiento; por lo menos, un signo de laxitud morbosa, de profundo abatimiento, de agotamiento, de empobrecimiento de la vida, pues en nombre de la moral (en particular, de la moral cristiana, es decir, absoluta) debemos siempre e ineludiblemente condenar la vida, porque la vida es algo esencialmente inmoral; debemos, en fin, ahogar la vida bajo el peso del menosprecio y de la eterna negación, como indigna de ser deseada y falta en sí de valor alguno. La moral misma, ¿no sería una voluntad de negación de la vida, un secreto instinto de aniquilamiento, un principio de ruina, de decadencia, de denigramiento, un comienzo de un fin y, por consiguiente, el peligro de los peligros?... "
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Extraído del libro "El origen de la tragedia" de Nietzsche, Colección Austral.