Mostrando entradas con la etiqueta prosa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta prosa. Mostrar todas las entradas

sábado, 6 de junio de 2009

Poemas en prosa / Baudelaire

Charles Baudelaire


- III -
El «yo pecador» del artista

¡Cuán penetrante es el final del día en otoño! ¡Ay! ¡Penetrante hasta el dolor! Pues hay en él ciertas sensaciones deliciosas, no por vagas menos intensas; y no hay punta más acerada que la de lo infinito.
¡Delicia grande la de ahogar la mirada en lo inmenso del cielo y del mar! ¡Soledad, silencio, castidad incomparable de lo cerúleo! Una vela chica, temblorosa en el horizonte, imitadora, en su pequeñez y aislamiento, de mi existencia irremediable, melodía monótona de la marejada, todo eso que piensa por mí, o yo por ello -ya que en la grandeza de la divagación el yo presto se pierde-; piensa, digo, pero musical y pintorescamente, sin argucias, sin silogismos, sin deducciones.
Tales pensamientos, no obstante, ya salgan de mí, ya surjan de las cosas, presto cobran demasiada intensidad. La energía en el placer crea malestar y sufrimiento positivo. Mis nervios, harto tirantes, no dan más que vibraciones chillonas, dolorosas.
Y ahora la profundidad del cielo me consterna; me exaspera su limpidez. La insensibilidad del mar, lo inmutable del espectáculo me subleva... ¡Ay! ¿Es fuerza eternamente sufrir, o huir de lo bello eternamente? ¡Naturaleza encantadora, despiadada, rival siempre victoriosa, déjame! ¡No tientes más a mis deseos y a mi orgullo! El estudio de la belleza es un duelo en que el artista da gritos de terror antes de caer vencido.


- VI -
Cada cual, con su quimera

Bajo un amplio cielo gris, en una vasta llanura polvorienta, sin sendas, ni césped, sin un cardo, sin una ortiga, tropecé con muchos hombres que caminaban encorvados.
Llevaba cada cual, a cuestas, una quimera enorme, tan pesada como un saco de harina o de carbón, o la mochila de un soldado de infantería romana.
Pero el monstruoso animal no era un peso inerte; envolvía y oprimía, por el contrario, al hombre, con sus músculos elásticos y poderosos; prendíase con sus dos vastas garras al pecho de su montura, y su cabeza fabulosa dominaba la frente del hombre, como uno de aquellos cascos horribles con que los guerreros antiguos pretendían aumentar el terror de sus enemigos.
Interrogué a uno de aquellos hombres preguntándole adónde iban de aquel modo. Me contestó que ni él ni los demás lo sabían; pero que, sin duda, iban a alguna parte, ya que les impulsaba una necesidad invencible de andar.
Observación curiosa: ninguno de aquellos viajeros parecía irritado contra el furioso animal, colgado de su cuello y pegado a su espalda; hubiérase dicho que lo consideraban como parte de sí mismos. Tantos rostros fatigados y serios, ninguna desesperación mostraban; bajo la capa esplenética del cielo, hundidos los pies en el polvo de un suelo tan desolado como el cielo mismo, caminaban con la faz resignada de los condenados a esperar siempre.
Y el cortejo pasó junto a mí, y se hundió en la atmósfera del horizonte, por el lugar donde la superficie redondeada del planeta se esquiva a la curiosidad del mirar humano.
Me obstiné unos instantes en querer penetrar el misterio; mas pronto la irresistible indiferencia se dejó caer sobre mí, y me quedó más profundamente agobiado que los otros con sus abrumadoras quimeras.
- VII -
El loco y la Venus

¡Qué admirable día! El vasto parque desmaya ante la mirada abrasadora del Sol, como la juventud bajo el dominio del Amor.
El éxtasis universal de las cosas no se expresa por ruido ninguno; las mismas aguas están como dormidas. Harto diferente de las fiestas humanas, ésta es una orgía silenciosa.
Diríase que una luz siempre en aumento da a las cosas un centelleo cada vez mayor; que las flores excitadas arden en deseos de rivalizar con el azul del cielo por la energía de sus colores, y que el calor, haciendo visibles los perfumes, los levanta hacia el astro como humaredas.
Pero entre el goce universal he visto un ser afligido.
A los pies de una Venus colosal, uno de esos locos artificiales, uno de esos bufones voluntarios que se encargan de hacer reír a los reyes cuando el remordimiento o el hastío los obsesiona, emperejilado con un traje brillante y ridículo, con tocado de cuernos y cascabeles, acurrucado junto al pedestal, levanta los ojos arrasados en lágrimas hacia la inmortal diosa.
Y dicen sus ojos: Soy el último, el más solitario de los seres humanos, privado de amor y de amistad; soy inferior en mucho al animal más imperfecto. Hecho estoy, sin embargo, yo también, para comprender y sentir la inmortal belleza. ¡Ay! ¡Diosa! ¡Tened piedad de mi tristeza y de mi delirio!»
Pero la Venus implacable mira a lo lejos no sé qué con sus ojos de mármol.
- X -
A la una de la mañana

¡Solo por fin! Ya no se oye más que el rodar de algunos coches rezagados y derrengados. Por unas horas hemos de poseer el silencio, si no el reposo. ¡Por fin desapareció la tiranía del rostro humano, y ya sólo por mí sufriré!
¡Por fin! Ya se me consiente descansar en un baño de tinieblas. Lo primero, doble vuelta al cerrojo. Me parece que esta vuelta de llave ha de aumentar mi soledad y fortalecer las barricadas que me separan actualmente del mundo.
¡Vida horrible! ¡Ciudad horrible! Recapitulemos el día: ver a varios hombres de letras, uno de los cuales me preguntó si se puede ir a Rusia por vía de tierra -sin duda tomaba por isla a Rusia-; disputar generosamente con el director de una revista, que, a cada objeción, contestaba: «Este es el partido de los hombres honrados»; lo cual implica que los demás periódicos están redactados por bribones; saludar a unas veinte personas, quince de ellas desconocidas; repartir apretones de manos, en igual proporción, sin haber tomado la precaución de comprar unos guantes; subir, para matar el tiempo, durante un chaparrón, a casa de cierta corsetera, que me rogó que le dibujara un traje de Venustre; hacer la rosca al director de un teatro, para que, al despedirme, me diga: «Quizá lo acierte dirigiéndose a Z...; es, de todos mis autores, el más pesado, el más tonto y el más célebre; con él podría usted conseguir algo. Háblele, y allá veremos»; alabarme -¿por qué?- de varias acciones feas que jamás cometí y negar cobardemente algunas otras fechorías que llevó a cabo con gozo, delito de fanfarronería, crimen de respetos humanos; negar a un amigo cierto favor fácil y dar una recomendación por escrito a un tunante cabal. ¡Uf! ¿Se acabó?
Descontento de todos, descontento de mí, quisiera rescatarme y cobrar un poco de orgullo en el silencio y en la soledad de la noche. Almas de los que amé, almas de los que canté, fortalecedme, sostenedme, alejad de mí la mentira y los vahos corruptores del mundo; y vos, Señor, Dios mío, concededme la gracia de producir algunos versos buenos, que a mí mismo me prueben que no soy el último de los hombres, que no soy inferior a los que desprecio.
- XII -
Las muchedumbres

No a todos les es dado tomar un baño de multitud; gozar de la muchedumbre es un arte; y sólo puede darse a expensas del género humano un atracón de vitalidad aquel a quien un hada insufló en la cuna el gusto del disfraz y la careta, el odio del domicilio y la pasión del viaje.
Multitud, soledad: términos iguales y convertibles para el poeta activo y fecundo. El que no sabe poblar su soledad, tampoco sabe estar solo en una muchedumbre atareada.
Goza el poeta del incomparable privilegio de poder a su guisa ser él y ser otros. Como las almas errantes en busca de cuerpo, entra cuando quiere en la persona de cada cual. Sólo para él está todo vacante; y si ciertos lugares parecen cerrársele, será que a sus ojos no valen la pena de una visita.
El paseante solitario y pensativo saca una embriaguez singular de esta universal comunión. El que fácilmente se desposa con la muchedumbre, conoce placeres febriles, de que estarán eternamente privados el egoísta, cerrado como un cofre, y el perezoso, interno como un molusco. Adopta por suyas todas las profesiones, todas las alegrías y todas las miserias que las circunstancias le ofrecen.
Lo que llaman amor los hombres es sobrado pequeño, sobrado restringido y débil, comparado con esta inefable orgía, con esta santa prostitución del alma, que se da toda ella, poesía y caridad, a lo imprevisto que se revela, a lo desconocido que pasa.
Bueno es decir alguna vez a los venturosos de este mundo, aunque sólo sea para humillar un instante su orgullo necio, que hay venturas superiores a la suya, más vastas y más refinadas. Los fundadores de colonias, los pastores de pueblos, los sacerdotes misioneros, desterrados en la externidad del mundo, conocen, sin duda, algo de estas misteriosas embriagueces; y en el seno de la vasta familia que su genio se formó, alguna vez han de reírse de los que les compadecen por su fortuna, tan agitada, y por su vida, tan casta.

jueves, 14 de mayo de 2009

EXTRACCIÓN DE LA PIEDRA DE LA LOCURA

La luz mala se ha avecinado y nada es cierto. Y si pienso en todo lo que leí acerca del espíritu... Cerré los ojos, vi cuerpos luminosos que giraban en la niebla, en el lugar de las ambiguas vecindades. No temas, nada te sobrevendrá, ya no hay violadores de tumbas. El silencio, el silencio siempre, las monedas de oro del sueño.

Hablo como en mí se habla. No mi voz obstinada en parecer una voz humana sino la otra que atestigua que no he cesado de morar en el bosque.

Si vieras a la que sin ti duerme en un jardín en ruinas en la memoria. Allí yo, ebria de mil muertes, hablo de mí conmigo sólo por saber si es verdad que estoy debajo de la hierba. No sé los nombres. ¿A quién le dirás que no sabes? Te deseas otra. La otra que eres se desea otra. ¿Qué pasa en la verde alameda? Pasa que no es verde y ni siquiera hay una alameda. Y ahora juegas a ser esclava para ocultar tu corona ¿otorgada por quién?, ¿quién te a ungido?, ¿quién te ha consagrado? El invisible pueblo de la memoria más vieja. Perdida por propio designio, has renunciado a tu reino por las cenizas. Quien te hace doler te recuerda antiguos homenajes. No obstante, lloras funestamente y evocas tu locura y hasta quisieras extraerla de ti como si fuese una piedra, a ella, tu solo privilegio. En un muro blanco dibujas las alegorías del reposo, y es siempre una reina loca que yace bajo la luna sobre la triste hierba del viejo jardín. Pero no hables de los jardines, no hables de la luna, no hables de la rosa, no hables del mar. Habla de lo que sabes. Habla de lo que vibra en tu médula y hace luces y sombras en tu mirada, habla del dolor incesante de tus huesos, habla del vértigo, habla de tu respiración, de tu desolación, de tu traición. Es tan oscuro, tan en silencio el proceso a que me obligo. Oh habla del silencio.
.
De repente poseída por un funesto presentimiento de un viento negro que impide respirar, busqué el recuerdo de alguna alegría que me sirviera de escudo, o de arma de defensa, o aun de ataque. Parecía el Eclesiastés: busqué en todas mis memorias y nada, nada debajo de la aurora de dedos negros. Mi oficio (también en el sueño lo ejerzo) es conjurar y exorcizar. ¿A qué hora empezó la desgracia? No quiero saber. No quiero más que un silencio para mí y las que fui, un silencio como la pequeña choza que encuentran en el bosque los niños perdidos. Y qué sé yo qué ha de ser mí si nada rima con nada.
.
Te despeñas. Es el sinfín desesperante, igual y no obstante contrario a la noche de los cuerpos donde apenas un manantial cesa aparece otro que reanuda el fin de las aguas.

Sin el perdón de las aguas no puedo vivir. Sin el mármol final del cielo no puedo morir.

En ti es de noche. Pronto asistirás al animoso encabritarse del animal que eres. Corazón de la noche, habla.

Haberse muerto en quien se era y en quien se amaba, haberse y no haberse dado vuelta como un cielo tormentoso y celeste al mismo tiempo.

Hubiese querido más que esto y a la vez nada.

Va y viene diciéndose solo en solitario vaivén. Un perderse gota a gota el sentido de los días. Señuelos de conceptos. Trampas de vocales. La razón me muestra la salida del escenario donde levantaron una iglesia bajo la lluvia: la mujer-loba deposita a su vástago en el umbral y huye. Hay una luz tristísima de cirios acechados por un soplo maligno. Llora la niña loba. Ningún dormido la oye. Todas las pestes y las plagas para los que duermen en paz.

Esta voz ávida venida de antiguos plañidos. Ingenuamente existes, te disfrazas de pequeña asesina, te das miedo frente al espejo. Hundirme en la tierra y que la tierra se cierre sobre mí. Éxtasis innoble. Tú sabes que te han humillado hasta cuando te mostraban el sol. Tú sabes que nunca sabrás defenderte, que sólo deseas presentarles el trofeo, quiero decir tu cadáver, y que se lo coman y se lo beban.

Las moradas del consuelo, la consagración de la inocencia, la alegría inadjetivable del cuerpo.

miércoles, 18 de marzo de 2009

ALEJANDRA PIZARNIK



Entrevista de Alberto Lagunas

DOS PALABRAS PARA UN REPORTAJE Alberto Lagunas

Entrevisté a Alejandra Pizarnik inmediatamente después de que ella ganara el primer premio en el concurso a la producción literaria de 1965 por "Los trabajos y las noches", organizado por la Municipalidad de Buenos Aires. Este reportaje fue publicado en 1966 en un diario de Rosario de escaso tiraje, ya desaparecido.
Tanto las preguntas como las respuestas fueron hechas por escrito, de manera que la palabra de la poeta se presenta sin ninguna alteración.

EL REPORTAJE

A.L: ¿Sabe realmente cuándo comienza a escribir un poema, en otras palabras, cree en la inspiración?
A.P.: No puedo creer en la "inspiración". Pero no se trata de una creencia sino de asistir a una evidencia.

A.L.: ¿Cómo "trabaja’ o "siente" la poesía que hace?
A.P..: Casi siempre trabajo mis poemas a larga distancia. Me importa mucho el rol de la noción de distancia en la compleja relación autor-poema. Pero distancia, en lengua argentina, suele equivaler a frialdad. Ignoro el sentido de este término y agrego que necesito más inspiración (o como quiera llamarse) para trabajar un poema que para alumbrarlo (verbo más adecuado a la segunda etapa, la del trabajo, que no conviene llamar trabajo por su connotación utilitaria). No sé qué otro término podría emplearse pero yo hablaría de intento de curación o de reparación del poema, lo cual no tiene relación alguna con el acto aplicado y escolar de corregir cuartillas con fines de perfección externa de eso que llaman forma.

A.L.: ¿Qué significan para Usted los premios?
A.P..: Una cierta suma de dinero. En cuanto a los premios honoríficos, o sea sin billetes, les quito todo derecho de autodenominarse premios.

A.L.: ¿Cómo ve el panorama literario argentino?
A.P..: No logro verlo. En cambio, vislumbro el panorama literario latinoamericano: Vale la pena frecuentarlo.

A.L.: ¿Qué nombres marcarían el siglo XX literario?
A.P..: Kafka, Breton, Joyce Sigma

A.L: ¿Se atrevería a definir la poesía?
A.P..: No. No me atrevería.

A.L.: ¿Habría diferencia entre "lo poético’ y "lo literario’?
A.P..: Hay inmensas diferencias. El sol es poético y no es literario. Cualquier objeto y cualquier sujeto puede ser poético sin ser literario. Por otra parte, hay que distinguir entre lo poético y el poema, como así también entre lo literario y la literatura. O sea, lo poético y lo literario son atributos inmanentes de sujetos y objetos variados. La alquimia poética o la alquimia literaria puede hacerlos "visibles’ como diría Paul Klee, y es esta una de las razones por las que la poesía y la literatura son apasionantes.

A.L.: ¿Qué le preocupa más cuando da a conocer un libro de poesías?
A.P..: Cuando doy a conocer un libro de poesías nada me preocupa porque me alegra demasiado la perspectiva de quitarme de encima el peso de mis poemas, tan livianos cuando dejan de ser míos o inéditos y cuando algún lector privilegiado los asume y, así, me ayuda a compartir el terrible peso de la palabra solitaria, que deja de serlo gracias a esta operación maravillosa como es el encuentro entre un lector y un poema.

A.L.: ¿En qué está trabajando actualmente?
A.P..: Estoy esperando que sea octubre para ver publicado por Sudamericana mi sexto libro de poemas: "Fragmentos para dominar el silencio". Entretanto, trabajo en poemas nuevos (creo que nuevos en todos los sentidos de esta palabra ambigua) que constituirán un séptimo libro de poemas. Aún no tiene título pero yo lo llamo "J.B." por Jerónimo Bosch (algunos poemas se relacionan con dos cuadros de él). En fin, ignoro si se trata de un libro o de una prueba en el sentido trágico y antiguo, cuando el destino probaba a una criatura humana infligiéndole alegrías y desdichas peculiares. Pero prefiero no seguir hablando de lo que aún no es.

Poemas inéditos enviados a Alberto Lagunas
POEMAS (1959)


Hice un fuego
del color de la palabra

1
madre del tiempo
tú me has visto llorar de memoria
cuando aún no era.
madre del tiempo
tráeme la mirada desnuda del amado,
tráeme la mano de viento del amado,
tráeme su sexo de madera colérica,
tráeme su piel de sonido de tambores.

madre del tiempo
tráeme la flor incendiada
que crece en la lengua de la muerte.

2
perfectamente triste
para besar la boca inútil de la muerte,
lloro ante los sueños rotos
que me separan de las cosas.

3

He amado tanto
que ya no soy del amor.
Pero he sido niña.
Tan sólo por eso
debieran considerarme.

4
Ser soñadora en su camisa azul
que ama la tierra extraña
o atreverme como la náufraga
que vuelve al mar
porque nadie se alegra
de su salvación.

POEMAS (Diciembre de 1962)

Arrojada desde que nací
he acompañado a una sombra mutilada

En el camino nupcial
me dijeron que no entre

En el extraño agujero de la noche
vi un rostro que se negaba

La luz es sólo luz en la memoria de la noche.

PEQUEÑAS PROSAS (1968)

UNA MUJER

Una mujer muy fea, vestida de negro, se miraba en el espejo de su negocio del boulevard Raspail. Imaginé que le sacaba una foto y después ella me perseguía.


SUEÑO

Vivo en el Polo: montañas de sal, pájaros blancos sin pupilas ni patas.
Es un desierto de nieve en cuyo centro hay un armario de madera.
Los pájaros abren los cajones del armario. Cuando llega el último, salta una niña del tamaño de mi mano.


LOS AUTOMATAS

Nada mejor que pensar en los autómatas. Sobre todo ahora que hay esta luz espantosa, exactamente amarilla pero oscura. He caminado por la G/ rue Garancière y me reí al recordar que allí vivió Leibnitz. Luego volví a mi cuerpo y comencé a inventar autómatas, pegada la cara a la ventana mirando pasar gente y perros.
...........
LA HIJA DEL INSOMNIO

Cuando pienso en Alejandra la veo pasar, solitaria, en una de esas enormes burbujas del Bosco donde yacen parejas desnudas, dentro de un mundo tan tenue que sólo por milagro no estalla a cada segundo. Pero la suya es una burbuja nocturna, irisada como una perla negra. Criatura fascinada y fascinante, víctima y maga, ardía en la hoguera y, al mismo tiempo, con esa maldad de la poesía, prendía fuego al mundo circundante, lo hacía arder con una fosforescencia tierna y sombría, que iluminaba su rostro de niña con una sonrisa fantasma. Niña predestinada a ser vista, con los ojos absortos, en la ventana de un caserón ruinoso, en alguna de esas aldeas de la Alquimia del Verbo, entrevistas en el fondo de un lago. Pero aún allí, en la profundidad de los sueños, fue también la extranjera, la extraviada de sí misma. Una desconocida con su mismo rostros avanzaba hacia ella en todo lugar, en todo instante de su existencia terrestre, interrogándola con las preguntas más desgarradoras, planteándole sin cesar sus propios enigmas, el misterio de todo amor y de toda ausencia. Porque Alejandra permaneció siempre en el linde perdido de otra ribera, cuyo eco no dejó nunca de resonar en las zonas de sombra de su ser con la nostalgia de "los verdes paraísos de los amores infantiles". Pocos seres he conocido tan plenos de fatalidad poética. Extrañamente, todos sus elementos, sus pájaros, sus nubes, su país de huérfana que oculta un secreto desmesurado, su memoria y su pasión se ordenan en dos coordenadas esenciales: el deslumbramiento de la infancia, cuyos poderes sobrevivían en ella, y un permanente sentimiento de muerte, como otro deslumbramiento terrible que la precipitaba al asombro y al terror. Duende desposeído por la caída, cautiva de un reino perdido, sólo podría ver las cosas a la luz de esa exigencia inflexible y sin consuelo. No tenía salvación: no había aprendido a mentirse, a resignarse, a olvidar. Pero la fascinación de la infancia perdida se convierte en ella, por una oscura mutación que cambia los signos, en la fascinación de la muerte, igualmente deslumbradora una y otra, igualmente plenas de vértigo. Toda su poesía gira en torno a estos dos polos magnéticos, dos solicitaciones extremas que se funden en su voz y le dan, desde sus primeros libros hasta sus últimos textos, un acento inconfundible, una emoción esencial y de una calidad extrañamente perturbadora. En uno de los planos más remotos de su conciencia, una imagen materna, blanca y luminosa, la acoge y la protege, le revela las cosas y los sueños en una unidad total. En el extremo opuesto, una mujer pálida y nocturna, la acoge también con la misma solicitud maternal, con una tenebrosa belleza. Hacia una y otra la hija del insomnio corre con los brazos tendidos. Ahora que tantas parejas enamoradas escuchan su palabra, ¿qué puede darles ella? No la esperanza ni la calma, sino una exaltación, una apuesta perdida. Un paraíso infantil doblado por el paraíso de la muerte, la aventura del amor y su imposible realidad. La letra de Alejandra era pequeñita, como un camino de hormigas o un minúsculo collar de granos de arena. Pero ese hilo, con toda su levedad, no se borrará nunca, es uno de los hilos luminosos para entrar y salir del laberinto.

Prólogo de Enrique Molina a la re-edición en Botella al Mar de los libros
"La última inocencia" y "Las aventuras perdidas" (Buenos Aires, 1976)
de Alejandra Pizarnik.

EL VERBO ENCARNADO

Moi je reproche aux hommes de ce temps, de m'avoir fait naître par le plus ignobles manoeuvres magiques dans un monde dont je ne voulais pas, et de vouloir par de manoeuvres magiques similaires m'empêcher d' y faire un trou pour le quitter. J'ai besoin de poésie pour vivre, et je veux en avoir autour de moi. Et je n'admets pas que le poète que je suis ait été enfermé dans un asile d'aliéné parce qu'il voulait réaliser au naturel sa poésie.Antonin Artaud (Lettres de Rodez)


Aquella afirmación de Hölderlin, de que "la poesía es un juego peligroso", tiene su equivalente real en algunos sacrificios célebres: el sufrimiento de Baudelaire, el suicidio de Nerval, el precoz silencio de Rimbaud, la misteriosa y fugaz presencia de Lautréamont, la vida y la obra de Artaud... Estos poetas, y unos pocos más, tienen en común el haber anulado -o querido anular- la distancia que la sociedad obliga a establecer entre la poesía y la vida.Artaud no ha entrado aún en la normalidad de los exámenes universitarios, como es el caso de Baudelaire. De modo que es conveniente, en esta precaria nota apelar a un mediador de la calidad de André Gide, cuyo testimonio de buena cuenta del genio convulsivo de Artaud y de su obra. Gide escribió ese texto después de la tan memorable velada del 13 de enero de 1947 en el Vieux Colombier, en donde Artaud -recientemente salido del hospicio de Rodez- quiso explicarse con -pero no pudo ser "con" sino "ante" -los demás. Este es el testimonio de André Gide : "Había allí, hacia el fondo de la sala -de esa querida, vieja sala del Vieux Colombier que podía contener alrededor de 300 personas- una media docena de graciosos llegados a esa sesión con la esperanza de bromear. ¡Oh! Ya lo creo que hubieran recogido los insultos de los amigos fervientes de Artaud distribuidos por toda la sala. Pero no después de una tímida tentativa de alboroto ya no hubo que intervenir... Asistíamos a ese espectáculo prodigioso: Artaud triunfaba; mantenía a distancia la burla, la necedad insolente; dominaba..."Hacía mucho que yo conocía a Artaud, y también su desamparo y su genio. Nunca hasta entonces me había parecido más admirable. De su ser material nada subsistía sino lo expresivo. Su alta silueta desgarbada, su rostro consumido por la llama interior, sus manos de quien se ahoga, ya tendidas hacia un inasible socorro, ya retorciéndose en la angustia, ya, sobre todo, cubriendo estrechamente su cara, ocultándola y mostrándola alternativamente, todo en él narraba la abominable miseria humana, una especie de condenación inapelable, sin otra escapatoria posible que un lirismo arrebatado del que llegaban al público sólo fulgores obscenos, imprecatorios y blasfemos. Y ciertamente, aquí se reencontraba al actor maravilloso en el cual podía convertirse este artista: pero era su propio personaje lo que ofrecía al público, en una suerte de farsa desvergonzada donde se transparentaba una autenticidad total. La razón retrocedía derrotada; no sólo la suya sino la de toda la concurrencia, de nosotros todos, espectadores de ese drama atroz, reducidos a papeles de comparsas malévolas, de b...y de palurdos. ¡Oh! No, ya nadie, entre los asistentes, tenía ganas de reír; y además, Artaud nos había sacado las ganas de reír por mucho tiempo. Nos había constreñido a su juego trágico de rebelión contra todo aquello que, admitido por nosotros, permanecía inadmisible para él, más puros:"Aún no hemos nacido. Aún no estamos en el mundo. Aún no hay mundo. Aún las cosas no están hechas. La razón de ser no ha sido encontrada...""Al terminar esa memorable sesión, el público callaba. ¿Qué se hubiera podido decir? Se acababa de ver a un hombre miserable, atrozmente sacudido por un dios, como en el umbral de una gruta profunda, antro secreto de la sibila donde no se tolera nada profano, o bien, como sobre un Carmelo poético, aun vate expuesto, ofrecido a las tormentas, a los murciélagos devorantes, sacerdote y víctima a la vez... Uno se sentía avergonzada de retomar el lugar en un mundo en donde la comodidad está hecha de compromisos."Un escritor que firma L'Alchimiste , luego de trazar un convincente paralelo entre Arthur Rimbaud y Antonin Artaud, discierne en sus obras un período blanco y otro negro, separados en Rimbaud por la "Lettre du Voyant" y en Artaud por "Les Nouvelles Revelations de l'Etre" (1937).Lo que más asombra del período blanco de Artaud en su extraordinaria necesidad de encarnación mientras que en el período negro hay una perfecta cristalización de esa necesidad.Todos los escritos del período blanco, sean literarios, cinematográficos o teatrales, atestiguan esa prodigiosa sed de liberar y de que se vuelva cuerpo vivo aquello que permanece prisionero en las palabras . He entrado en la literatura escribiendo libros para decir que no podía escribir absolutamente nada; cuando tenía algo que decir o escribir, mi pensamiento era lo que más se me negaba. Nunca tenía ideas, y dos o tres pequeños libros de sesenta páginas cada uno, giran sobre esta ausencia profunda, inveterada, endémica, de toda idea. Son "L'Ombilic des Limbes" y "Le Pèse-Nerfs". Es particularmente en "Le Pèse-Nerfs" donde Artaud describe el estado (y resulta una ironía dolorosa el no poder dejar de admirar la magnífica "poesía" de este libro) de desconcierto estupefaciente de su lengua en sus relaciones con el pensamiento. Su herida central es la inmovilidad interna y las atroces privaciones que se derivan: imposibilidad de sentir el ritmo del propio pensamiento (en su lugar yace algo trizado desde siempre) e imposibilidad de sentir vivo el lenguaje humano: Todos los términos que elijo para pensar son para mí TÉRMINOS en el sentido propio de la palabra, verdaderas terminaciones... Hay una palabra que Artaud reitera a lo largo de sus escritos: eficacia. Ella se relaciona estrechamente con su necesidad de metafísica en actividad, y usada por Artaud quiere decir que el arte -o la cultura en general- ha de ser eficaz en la misma manera en que no es eficaz el aparato respiratorio: No me parece que lo más urgente sea defender una cultura cuya existencia nunca ha liberado a un hombre de la preocupación de vivir mejor y de tener hambre sino extraer de aquello que se llama cultura ideas cuya fuerza viviente es idéntica a la del hombre. Y si se pregunta en que consiste, en el plano de la poesía, esa eficacia que Artaud deseó como nadie, y encontró mas que nadie, puede ser una respuesta propicia esta afirmación que encuentro en Marcel Granet ("Le pensée chinoise"): Savoir le nom, dire le mot, c'est posséder l'être ou creer la chose. Toute bête est domptée par qui sait la nommer...J'ai pour soldats des tigres si je les appelle:"tigres!".Las principales obras del período negro son: "Au Pais des Tarahumaras", "Van Gogh, le suicidé de la sociéte", "Les lettres de Rodez", "Artaud le Momo", "Ci-gît precede de la Culture Indienne" y "Pour en finir avec le jugement de dieu."Son obras indefinibles. Pero explicar por qué algo indefinible puede ser una manera -tal vez ve la más noble- de definirlo. Así procede Arthur Adamov en un excelente artículo en el que enuncia las imposibilidades -que aquí resumo- de definir la obra de Artaud: La poesía de Artaud no tiene casi nada en común con la poesía clásica y definida.La vida y la muerte de Artaud son inseparables de su obra en un grado único en la historia de la literatura.Los poemas de su último período son una suerte de milagro fonético que se renueva sin cesar.No se puede estudiar el pensamiento de Artaud como si se tratara de pensamiento pues no es pensado que se forjó en Artaud.Numerosos poetas se rebelaron contra la razón para sustituirla por un discurso poético que pertenece exclusivamente a la Poesía. Pero Artaud está lejos de ellos. Su lenguaje no tiene nada de poético si bien no existe otro más eficaz.Puesto que su obra rechaza los juicios estéticos y los dialécticos, la única llave para abrir una referencia a ella son los efectos que produce. Pero esto es casi indecible pues esos efectos equivalen a un golpe físico.(Si se pregunta de dónde proviene tanta fuerza, se responderá que del más grande sufrimiento físico y moral. El drama de Artaud es el de todos nosotros pero su rebeldía y su sufrimiento son de una intensidad sin paralelo).Leer en traducción al último Artaud es igual que mirar reproducciones de cuadros de Van Gogh. Y ello, entre otras muchas causas, por lo corporal del lenguaje, por la impronta respiratoria del poeta, por su carencia absoluta de ambigüedad.Sí, el Verbo se hizo carne. Y también, y sobre todo en Artaud, el cuerpo se hizo verbo. ¿En dónde, ahora, su viejo lamento de separado de las palabras? Así como Van Gogh restituye a la naturaleza su olvidado prestigio y su máxima dignidad a las cosas hechas por el hombre, gracias a esos soles giratorios, esos zapatos viejos, esa silla, esos cuervos... así, con idéntica pureza e idéntica intensidad, el Verbo de Artaud, es decir Artaud, rescata, encarnándola, "la abominable miseria humana". Artaud, como Van Gogh, como unos pocos más, dejan obras cuya primera dificultad estriba en el lugar -inaccesible para casi todos- desde donde las hicieron. Toda aproximación a ellas sólo es real si implica los temibles caminos de la pureza, de la lucidez, del sufrimiento, de la paciencia......regagner Antonin Artaud sur ses dix ans de souffrances, pour commencer à entrevoir ce qu'il voulait dire, ce que veut dire ce signe jeté parmi nous, le dernier peut-être qui vaille d'être déchiffré...
Alejandra Pizarnik

jueves, 17 de julio de 2008

WINETTGONÍA - PABLO DE ROKHA

Compararía a una bandada de queltehues picoteando la aurora nuestro querido y viejo hogar de antaño, a la guinda húmeda de amaneceres con rocío tu actitud, y a los veranos con pájaros ensangrentados de sol gozoso y racimos de uva partidos, a la tórtola gris de acero, que tajea como espada la atmósfera sonora y copiosa de luz inmarcesible o al clavel negro del pidén en los esteros, tu gran ternura melancólica; hoy luchando con el animal del destino, mar afuera entre las quillas y las ruinas de los barcos náufragos, haciendo lo horrendo de morderme las entrañas para alimentarme, ¿quién me va a consolar jamás, cuando no quiero más que el ser irremediable, y extraer de él la sustancia desesperada de la espantosa alegría estupenda de poder llorarte, construyendo un monumento al dolor humano, con sudor y terror acumulado?
Pálidos como pájaros de abril, huyeron los días dichosos de antaño, o lo mismo que cuando el cazador dispara a la bandada asesinándola, en ademán de criminal analfabeto, que degüella a su familia, y todo a quedado como si el destino tronchase y barriese la tierra tremenda; y si gritara, como tú no escuchas, ¡qué extraño parecería clamando a la soledad, con estupor macabro!: cuando los dos éramos pobres y heroicos y tú eras tan linda como un nido de picaflor, la basura de la literatura se nos venía rugiendo encima con su alud subazul de degenerados precoces y terribles, con condecoración inferior, y el vecindario nacional provinciano nos desconocía, bastaba un pez popular para la olla familiar, y alguna vez estuvo con nosotros, en la "Subida del Membrillo" y yo tallaba a Suramérica, pero nos reíamos porque estábamos juntos en la gran soledad del mundo, o el crepúsculo universal de "La Cisterna" nos coronó de agrestes e ilustres laureles melancólicos el eslabón sudado del trabajo y saboreamos, asada, la castaña en la chimenea familiar y el gran vino caliente de entre junio y julio, criando grandes artistas; voy a levantar un monumento de lágrimas a la gran estatua mediterránea que te hiciste con tu vida y con tu obra, cantando en todo lo alto y lo ancho de la época, con tu voz de tórtola de oro, y me van a escuchar un milenio, como el último y único de los enamorados; afuera está la tierra inmensa, aquí estoy yo contigo, aquí en este enorme "epicentro de tormenta", aquí "parado, estupefacto", solo como toro, contra todas las cosas, diciendo lo mismo abajo, y diversificándome como los poliedros del diamante, en las metáforas, presente, siempre presente, como el soldado de Pompeya, tallado en la eternidad, con la patada del terremoto en la boca; pero el pecho de la eternidad es inexorable.

lunes, 16 de junio de 2008


Rosamel del Valle


Fragmentos de "El sol es un pájaro cautivo en el reloj"


Vivimos el tiempo superlativo. Horrible, ya lo sé. En estos días no se pide vida, se exige muerte. ¿Una idea? Pues, a la muerte. ¿La contemplación? A la muerte. ¿La acción? A la muerte. ¿La ciencia? A la muerte. ¿La soledad? A la muerte. ¿La poesía? A la muerte. Naturalmente, olvidamos ser. Y cuando alguien enjuicia a la vida, todos preparan las horcas. ¡Oh las palabras sombrías! No las tuyas, no las mías. Solamente las del hombre de este tiempo y de todos los tiempos que dice: "Prohibición absoluta de no ser como yo".


....

Con permiso. Voy a mirar el sol. Voy a tenderme sobre la hierba a escuchar lo que dicen las cosas mínimas. Porque las cosas mínimas hablan justamente, al revés de lo que se cree, el lenguaje apenas comunicable.

....


Lo real y lo irreal, reunidos como en una vida, como en una contemplación, como en una acción, como en una boda, como en una muerte. Iba a decir también como en un nacimiento.Pero hoy no se nace, se muere.


....


Cuando la noche entró de repente en la cabeza de aquel hombre que se miraba las líneas de la mano...


....


Cuídate de tu poesía. Por la poesía.

miércoles, 4 de junio de 2008

Fragmento de "Los Cantos de Maldoror"


Lautréamont


CANTO SEGUNDO


¿A DÓNDE ha ido ese primer canto de Maldoror desde que su boca, llena de hojas de belladona, lo dejó escapar a través de los reinos de la cólera, en un momento de reflexión? Dónde ha ido ese canto... No se sabe con precisión. Ni los árboles ni los vientos lo conservaron. Y la moral, que pasaba por ese sitio, sin presagiar que tenía en esas páginas incandescentes un enérgico defensor, lo vio dirigirse con paso firme y recto hacia los rincones oscuros y las fibras secretas de las conciencias. Por lo menos, la ciencia da por sabido que desde ese tiempo el hombre de figura de sapo no se reconoce a sí mismo, y cae con frecuencia en accesos de furor que le hacen parecerse a una bestia de los bosques. No es culpa suya. En todos los tiempos él creyó, con los párpados plegados bajo las resedas de la modestia, que no estaba compuesto más que de bien y una mínima cantidad de mal. De pronto, yo le hice saber, descubriendo a pleno día su corazón y sus tramas, que, por el contrario, sólo estaba compuesto de una mínima cantidad de bien, que los legisladores tratan a toda costa de no dejar evaporar. A mí, que no le he enseñado nada nuevo, me gustaría que no sintiera una vergüenza eterna a causa de mis amargas verdades; pero la realización de este deseo no estaría conforme con las leyes de la naturaleza. En efecto, arranco la máscara de su rostro traidor y lleno de fango, y hago caer, una a una, como bolas de marfil sobre una fuente de plata, las mentiras sublimes con las cuales se engaña a sí mismo: es, por tanto, comprensible que no ordene a la calma imponer las manos sobre su rostro, incluso cuando la razón dispersa las tinieblas del orgullo. Por eso el héroe que pongo en escena ha atraído sobre sí un odio irreconciliable, atacando a la humanidad, que se creía invulnerable, por la brecha de absurdas tiradas filantrópicas, que están amontonadas, como gramos de arena, en sus libros, cuyo ridículo lado cómico, aunque aburrido, algunas veces estoy a punto de apreciar, cuando la razón me abandona. El lo había previsto. No basta con esculpir la estatua de la bondad sobre el frontis de los pergaminos que contiene las bibliotecas. ¡Oh ser humano, hete ahí, ahora, desnudo como un gusano, en presencia de mi espada de diamante! Abandona tu método, no es tiempo ya de hacerse el orgulloso: hacia ti dirijo mi plegaria, en actitud de prosternación. Hay alguien que observa los menores movimientos de tu vida culpable; estás envuelto en las redes sutiles de su perspicacia encarnizada. No te fíes de él cuando se vuelva de espalda, pues te mira; no te fíes de él cuando cierre los ojos, pues te sigue mirando. Es difícil suponer que, en cuanto a astucia y perversidad, tu terrible resolución pueda superar al hijo de mi imaginación. Sus menores golpes aciertan. Con algunas precauciones, es posible hacerle saber al que cree ignorarlo, que los lobos y los bandidos no se devoran entre sí: acaso no sea su costumbre. Por consiguiente, entrega sin temor a sus manos el cuidado de tu existencia: él la conducirá de la manera que sabe. No creas en la intención que hace relucir al sol, de corregirte, pues le interesas muy poco, por no decir nada; aunque aún no he aproximado a la verdad total la benevolente medida de mi verificación. Pero a él le gusta hacerte daño, por la legítima persuasión de que te volverás tan malo como él, y así cuando llegue la hora le acompañarás hasta la honda gruta del infierno. Su lugar está marcado desde hace mucho tiempo en un paraje donde se distingue una horca de hierro, de la cual están suspendidas unas cadenas y unas argollas. Cundo el destino lo conduzca allá, el fúnebre embudo jamás habrá saboreado una presa más sabrosa, ni el contemplado una mansión más conveniente. Me parece que hablo de una manera intencionadamente paternal, y que la humanidad no tiene derecho a quejarse.

miércoles, 2 de enero de 2008

Alejandra Pizarnik


DESCRIPCIÓN
Caer hasta tocar el fondo último, desolado, hecho de un viejo silenciar y de figuras que dicen y repiten algo que me alude, no comprendo qué, nunca comprendo, nade comprendería.
Esas figuras -dibujadas por mí en un muro- en lugar de exhibir la hermosa inmovilidad que antes era su privilegio, ahora danzan y cantan, pues han decidido cambiar de naturaleza (si la naturaleza existe, si el cambio, la decisión...).
Por eso hay en mis noches voces en mis huesos, y también -y es esto lo que me hace dolerme- visiones de palabras escritas pero que se mueven, combaten, danzan, manan sangre, luego las miro andar con muletas, en harapos, corte de los milagros de la a hasta z, alfabeto de miserias, alfabeto de crueldades... La que debió cantar se arquea de silencio, mientras en sus dedos se susurra, en su corazón se murmura, en su piel un lamento no cesa...
(Es preciso conocer este lugar de metamorfosis para comprender por qué me duelo de una manera tan complicada.)

martes, 4 de diciembre de 2007


Isidore Ducasse
Conde de Lautréamont
.
Las perturbaciones, las ansiedades, las depravaciones, la muerte, las excepciones en el orden físico o moral, el espíritu de negación, los embrutecimientos, las alucinaciones favorecidas por la voluntad, las tribulaciones, la destrucción, los transtornos, las lágrimas, la insacibilidad, las servidumbres, las imaginaciones atormentadoras, las novelas, lo inesperado, lo que no debe hacerse, las singularidades químicas de buitre misterioso que acecha la carroña de alguna ilusión muerta, las experiencias precoces y abortadas, las oscuridades con caparazón de chinche, la monomanía terrible del orgullo, la moculación de los estupores profundos, las oraciones funebres, las envidias, las traiciones, las tiranías, las impiedades, las irritaciones, las mordacidades, los exabruptos agresivos, la demencia, el spleen, los terrores razonados, las inquietudes extrañas que el lector preferiría no sentir, las muecas, las neurosis, las hileras ensangrentadas por donde se hace pasar la lógica sin salida, las exageraciones, la falta de sinceridad, la verborrea de los pelmazos, las vulgaridades, lo sombrío, lo lúgubre, los partos peores que los crímenes, las pasiones, el clan de los novelistas de los tribunales, las tragedias, las odas, los melodramas, los extremos presentados a perpetuidad, las razón silbada impunemente, los olores de los cobardes, las desazones, las ranas, los pulpos, los tiburones, el simún de los desiertos, todo lo que es sonámbulo, sospechoso, nocturno, somnífero, noctámbulo, viscoso, foca parlante, equívoco, tuberculoso, espasmódico, afrodisíaco, anémico, tuerto, hermafrodita, bastardo, albino, pederesta, fenómeno de acuario y mujer barbuda, las horas llenas de desaliento taciturno, las fantasías, las asperezas, los monstruos, los silogismos desmoralizadores, las basuras, lo que como el niño no reflexiona, la desolación, ese manzanillo intelectual, los chancros perfumados, los muslos con camelias, la culpabilidad de un escritor que cae por la pendiente de la nada y se desprecia a sí mismo con gritos de alegría, los remordimientos, las hipocresías, las perspectivas inciertas que os trituran con sus engranajes imperceptibles, los graves salivazos sobre los axiomas sagrados, la piojería y sus cosquilleos insinuantes, los prefacios desatinados como los de Cromwell, de la señorita de Maupin y de Dumas hijo, las caducidades, las impotencias, las blasfemias, las asfixias, los ahogos, las rabias -ante esos inmundos osarios, cuyo nombre me hace enrojecer, es tiempo ya de enfrentarse contra lo que nos ofende y doblega tan autoritariamente.

viernes, 12 de octubre de 2007


Rosamel del Valle

EL SOL ES UN PÁJARO CAUTIVO EN EL RELOJ
(fragmentos)
.
Desastre Nº 25. Alto ahí hombre vestido de sol y dueño del mundo / no des un paso más hacia mi jardín con planetas verdes todavía / no des un paso más hacia mi mar congelado porque un perro verdaderamente solar duerme entre el ramaje del árbol más imposible de reconocer a causa de los cuchillos tatuados que le muestra el viento mucho más libre que los sentidos y que no recurre a historia alguna para creer que ésas son sus hojas y no las que le inventa la primavera / dormido como estoy en la ventana por cuyos cristales atravesará hoy o mañana la mujer sin nombre que me visita a la hora justa de las catástrofes y quien justificadamente ignora todo negocio relacionado con lo que no sea por ejemplo la sorpresa / ¿nunca te será posible ya no digo aceptar sino comprender elsignificado de la estrella que se derrite en cada palabra cuando el corazón está más enjaulado que los leones en el zoo? / hay una línea de la mano que rechaza con solemnidad cuanta imagen del fastidio se le pasea por el dorso y eso significa que no debes insistir ni protestar sino dejarme vivir junto a mi fogata donde una lengua de fuego canta "Anoche cayo un planeta en el jardín" y que parece venir de más allá de donde otra lengua le responde con el estribillo "Junto a la ventana hay un mar de jabón" aunque no sea más que para indicarme que mi noche está verdaderamente poblada de catástrofes.

...


Pegada al muro, la sombra. El día más lúcido, el día de los imanes viene de los ojos ruidosos, de los gestos que me invitan a viajar por hilos insostenibles, fieles a la atracción peligrosa, húmedos y fríos instrumentos de la mirada en exilio. La sombra se reúne con el sol y la hierba y algo que debe ser mi posible perennidad se derrumba sonriendo sobre el lecho más brillante que el mar.


...
El hombre tiene que reunir su soledad como el astrónomo reúne cada noche sus estrellas. El ejercicio consiste, para uno, en el recuento de los actos y pensamientos para extraer imágenes invisibles de las visibles y formar así el movimiento desde el cual surgirán sus actos y pensamientos futuros y los medios secretos para expresarlos; para el otro, en adiestrarse en el recuento de sus constelaciones, profundamente solo y preocupado del ruido que puedan hacer de pronto en su cielo una estrella o un cometa. Por supuesto, nada impide que otros hombres y otros astrónomos se permitan quebrantar su voluntad y, llevados por el miedo, acepten el convite de los que rehuyen el cielo y soledad porque les sobra jolgorio y resonancia para hartarse a sí mismos. Mas, ninguna mayor hartura para el hombre que la de saber regocijarse con sus propios secretos.
...
Este sueño crispado se complace en romper los instantes que le son al corazón lo que las hojas al árbol.
...
Ninguna ciencia más profunda que la de pasar la mano por la frente de la noche y sentir el contacto de los rayos perdidos del sol que se le prendieron al despojarlo de su reino. Quiero un estremecimiento así para cada uno de mis pensamientos, para cada una de mis palabras y mis actos porque de otro modo corro el riesgo inútil de no saber lo que dice el corazón por la noche. Quiero cortarle las alas al temblor nocturno y atraerlo hacia la piedra de los sueños hipnotizada por mí y sin más intervención que la idea de caminar por los bosques del país que no existe. ¿Necesito para ello rechazar el contacto turbio y el consejo llamado cordial de cuanto ser lúcido me rodea no para hacerme compañía sino para destruirme? Evidentemente, no de otra manera es posible aclarar la existencia contaminada con ideas comunicables ni apartar para mí el rayo de sol, perdido entre los otros, que con su palidez de serpiente atrapa y golpea con mayor fuerza. Quiero una magia mayor, tatuada de signos, una magia de uso imposible, una magia semejante a la del corazón en sus momentos más desesperados. Por algo el hombre es un signo y no, como se quiere creer, la experiencia manejable y transportable. Con una llave de oro así nada de imposibilidades, nada de terrores en rebelión permanente en la mirada, nada de obediencia servil, nada de lo que se da en llamar beso en la mejilla o adoración a toda prueba. Ni convivencia con el oso vestido de semejante para el reparto de consignas terrestres o celestes, ni nada con el gusano ansioso de resplandecer antes de tiempo. Que el ambiguo mensajero venga y diga su palabra. ¿A quién, sino a mí le tocaría escoger? Aún más, ¿a quién sino a mí le sería permitido señalar la exacta puerta por donde debe pasar, el exacto cielo para quemarse los ojos, la exacta tierra donde es acogido descalzo y sin el tatuaje no poco mixtificador de la ninguna ciencia, de la ninguna magia, de la ninguna poesía? Ah, no. Quiero una fuente más clara y más rodeada de pájaros que la mujer-noche o la mujer de vidrio que me sigue sin cesar en cada uno de mis sueños.
...
Sé que el reloj que me espía encenderá el último silbido mensajero que debe resonar a lo largo de mis huesos por largo tiempo desobedientes girasoles y ahora atrapado por el más sonámbulo diamante lunar que el tiempo identifica, quiérase o no, más que con la vida, con la muerte. Sé que la puerta de oro se abrirá a la hora justa y que el dragón solar perderá sus dientes a causa del silencio sin fin, y que la noche amaestrada por mis ejercicios secretos se colgará de la rama más alta del árbol a cuya sombra fabriqué, precisamente, este reloj de tantas lenguas para complacencia y regocijo de mi corazón cómplice del resplandor de todas las piedras levantadas.

domingo, 16 de septiembre de 2007



Marosa di Giorgio

ANOCHE, VOLVIÓ, OTRA VEZ...

Anoche, volvió, otra vez, La Sombra; aunque ya habían pasado cien años, bien la reconocimos. Pasó el jardín violetas, el dormitorio, la cocina; rodeó las dulceras, los platos blancos como huesos, las dulceras con olor a rosa. Tomó al dormitorio, interrumpió el amor, los abrazos; los que estaban despiertos, quedaron con los ojos fijos; soñaban, igual la vieron. El espejo donde se miró o no se miró, cayó trizado. Parecía que quería matar a alguno. Pero, salió al jardín. Giraba, cavaba, en el mismo sitio, como si debajo estuviese enterrado un muerto. La pobre vaca, que pastaba cerca de la violetas, se enloqueció, gemía como una mujer o como un lobo. Pero, La Sombra se fue volando, se fue hacia el sur. Volverá dentro de un siglo.

De "Los papeles salvajes" 1971

.

LA NATURALEZA DE LOS SUEÑOS

Al alba bebía la leche, minuciosamente, bajo la mirada vigilante de mi madre; pero, luego, ella apartaba un poco, volvía a hilar la miel, a bordar a bordar, y yo huía hacia la inmensa pradera, verde y gris.A lo lejos, pasaban las gacelas con sus caras de flor; parecían lirios con pies, algodoneros con alas. Pero, yo sólo miraba a las piedras, a los altos ídolos, que miraban a arriba, a un destino aciago.Y, qué podía hacer; tenderme allí, que mi madre no viese, que me pasara, otra vez, aquello horrible y raro.

De "Los papeles salvajes" 1991

.

LOS LEONES RONDABAN LA CASA

Los leones rondaban la casa. Los leones siempre rondaron. Siempre se dijo que los leones rondaron siempre. Parecían salir de los paraísos y el rosal. Los leones eran sucios y dorados. Ellos eran muy bellos. Los ojos como perlas. Y un broche brillante en el pecho entre aquel pelo áureo. Los leones entraron a la casa. Corrimos a esconder los floreros de sal, de azúcar, el cometa Halley, las queridísimas sábanas nevadas, la colección de estampillas. Y a traer los sudarios. Los leones eran al mismo tiempo, presentes e invisibles, al mismo tiempo, visibles e invisibles. Se oía el rumor de la leche que robaban, el clamor de la miel y la carne que cortaban. Llevaron hacia afuera a la abuela oscura, la que tenía una guía de rositas alrededor del corazón. Y la comieron fríamente. Como en un simulacro. Y -como si hubiese sido un simulacro!- ella tornó a la casa y dijo: -Los leones rondaron siempre. Están delante de los paraísos y el rosal. Dijo: -Los leones están acá.

De "Mesa de esmeralda" 1985

.

MI ALMA ES UN VAMPIRO...


Mi alma es un vampiro grueso, granate, aterciopelado. Se alimenta de muchas especies y de sólo una. Las busca en la noche, la encuentra, y se la bebe, gota a gota, rubí por rubí. Mi alma tiene miedo y tiene audacia. Es una muñeca grande, con rizos, vestido celeste.Un picaflor le trabaja el sexo. Ella brama y llora. Y el pájaro no se detiene.

De "Obra completa " 2005

jueves, 26 de julio de 2007


Antonin Artaud

Lo difícil es encontrar su lugar exacto y reencontrar la comunicación consigo mismo. El todo está en una cierta floculación de las cosas, en el parecido de toda esa pedrería mental alrededor de un punto que está precisamente por encontrar.
Y he aquí lo que pienso de la mente:
SEGURAMENTE LA INSPIRACIÓN EXISTE
Y hay un punto fosforescente donde toda la realidad se reencuentra, pero transformada, metamorfoseada -¿y por qué?-, un punto de mágica utilidad de las cosas. Y creo en los aerolitos mentales, en las cosmogonías individuales.
Sabéis lo que es la sensibilidad suspendida, esa vitalidad terrorífica y partida en dos, ese punto de cohesión necesaria en la que el ser no se alza más, ese sitio amenazador, ese lugar aterrante.
***
Si uno pudiera probar solamente su nada, si uno pudiera reposar en su nada y que esa nada no fuera una cierta forma de ser, pero tampoco la muerte total.
Es tan duro dejar de existir, dejar de estar dentro de algo. El verdadero dolor es sentir cómo se desplaza nuestro pensamiento en uno mismo. Pero el pensamiento como un punto no es seguramente un sufrimiento.
Estoy en el instante en que no me aferro más a la vida, pero llevo conmigo todos los apetitos y las insistentes titilaciones del ser. No tengo más que una ocupación: volverme a hacer.
***
Hay una angustia ácida y turbia, tan potente como un cuchillo, y en la que el descuartizamiento tiene el peso de la tierra, una angustia de relámpagos, en puntuación de simas, cerradas y apretadas, como chinches, como piojos duros, cuyos movimientos están congelados, una angustia donde el espíritu se estrangula y se corta a sí mismo -se mata.
No consume nada que no le pertenezca, nace de su propia asfixia.
Es una congelación hasta la médula, una ausencia de fuego mental, una carencia de circulación de la vida.
Pero la angustia opiácea tiene otro color, no tiene esa caída metafísica, esta maravillosa imperfección de acento. La imagino llena de ecos y de cuevas, de laberintos, de retornos; llena de lenguas de fuego parlantes, de ojos mentales en acción y del chasquido de un sombrío rayo, pleno de razón.
Pero entonces imagino bien centrada al alma, y siempre en el infinito divisible, y transportable como algo que es. Imagino al alma sensible, que a la vez lucha y consiente y hace girar sus lenguas en todos los sentidos, multiplica su sexo -y se mata.
Es necesario conocer la verdadera nada deshilada, la nada que no tiene ya órgano. La nada del opio tiene en sí la forma de una frente que piensa, que ha encontrado el sitio del negro orificio.
Yo hablo de la ausencia de orificio, de un sufrimiento frío y sin imágenes, sin sentimientos, que es como un choque indescriptible de fracasos.

martes, 24 de julio de 2007

Pablo de Rokha
IMPRECACIÓN A SATANÁS
Sobre el pensamiento y la muerte, al final, al final del hombre, la vida, la vida y sus causas... al final!, muy lejos de vosotros, muy lejos, frente a MI, tú, oh! sueño funeral, gris como el entendimiento vegetal o botánico de un árbol, hijo de mujer, hijo de mujer dominas el espectáculo; sideral y aúllas, aúllas, aúllas, aúllas, mueves tus días fatales amarillentos lomismo que atardeceres lluviosos u hombres idiotas, e impones, iconoclasta y ácido, la perspectiva imperial que el sufrimiento humano, el sufrimiento humano imaginó, a manera de cumbre soleada por el sol muerto del vacío, para tí, Satanás.
***
Creo en Dios, como el espanto inicial del conocimiento, la mentira animal prolongándose inmensa y dolorosamente hacia la eternidad balbuciente de las últimas, pálidas, pálidas, últimas e inútiles experiencias, el espectro monumental, crepuscular o absurdo del bimano que emerge, emerge, emerge agobiado con el misterio azul de los anchos asombros elementales hasta las montañas de la amargura racional; he mirado pasar, TRANQUILAMENTE, al poeta de ayer por el camino, sin crepúsculos, de la belleza habitual, inmóvil con la inmovilidad del concepto e ingenuamente feliz, ingenuamente feliz, ingenuamente feliz, pero tu canto horrible de maldito, alarido de fúnebres, extraordinarios e inhábiles tonos ácidos, mortuorios, ácidos, mortuorios, arrojó a la sombra de mis sesos ardientes la semilla hostil, la semilla hostil, embrión de plantas lúgubres, impudentes, tentaculares, envenenadas cual culebras, el horror, la tragedia que corroe y alumbra, alumbra colmando de canciones agrias, mi verdad superior, Satanás.
***
Tu fealdad que culmina, culmina a fuerza de expresióm estética el dinamismo, la belleza de los fenómenos reales y la ilusión, tu fealdad, tu fealdad es bella, bella, bella, bellísima con el terror sublime del ritmo tremendo, horrendo, tremendo, tremendo, tétrico y movil que hacen temblando, diez, cien planos y mil líneas muertas, truncas, rotas, viajeras de la forma, golondrinas celestes del volumen, ahí donde hay ruido, pánico, frío, frío, frío, frío, frío de soledad, el tiempo y los seres pálidos concluyen y comienzas tú, Satanás.
***
Enemigo del hombre, el odio de la tierra levantó un mausoleo colosal a tu alma, enemigo del hombre, y mientras te abominaron, entonces, cuando tu maldición de los siglos te azotaba la cara con el vómito, el vómito de las congojas aunánimes, en aquel día perfumaba los cielos ENORMES, Satanás.
***
Constituyes lo dionysiaco, lo dinámico, lo demoníaco, la sonora razón de la fuerza, el canto de rebelión coronado de águilas, por eso te maldicen, porque eres como un viento, como un viento, como un viento destructor de ilusiones o como gemido, y chillan las flacas mujeres, sollozan los niños, sollozan los niños, alzan el vuelo, ateridos y horrorizados, ateridos y aterrorizados los pájaros, cuando vienes tronando por tu camino de estrellas despedazadas tu canción estridente, Satanás.
***
Desterrado, nadie te quiso jamás, desterrado!, desterrado! desterrado!, entristecido con el dolor de todas, todas, todas las tristezas, haz andado errabundo con tus manos cargadas de lamentables afectos lamentables, por encima de los cementerios, a la vera de las abandonadas ciudades, las abandonadas ciudades y las casa vacías, el MAS triste de todos los símbolos, y nunca, nunca, nunca, nunca, nunca te dijeron "amigo", Satanás.
***
Yo, extendidas sin rumbo las eternas, dolorosas manos errantes, levantando mi voz por encima de todas las vastas épocas, las vastas épocas, las vastas épocas, pronuncio mi bendición a ti, Satanás; bendito seas, bendito seas, estatua de lo malo, estatua de lo malo y CONDICIÓN del bien, Jehová negro, bendito seas porque egregio, autoritario y solo, solo como yo, solo y aplastado con todas, con todas las desgracias de "los hijos de Adán". Con el escarnio de todos los pueblos las anchas naciones, con la enemistad de todas las cosas, todas las cosas, con la antipatía de los instintos rojos y la amarga abominación eterna de las criaturas que pueblan los profundos cielos admirables, la cansada tierra y el mar elevas tus plegarias al infinito, hermano mío, hermano mío, como el más grande, como el MÁS grande de TODOS los monumentos al dolor, Satanás, hermano mío!...