miércoles, 23 de julio de 2008
viernes, 18 de julio de 2008
jueves, 17 de julio de 2008
WINETTGONÍA - PABLO DE ROKHA
Compararía a una bandada de queltehues picoteando la aurora nuestro querido y viejo hogar de antaño, a la guinda húmeda de amaneceres con rocío tu actitud, y a los veranos con pájaros ensangrentados de sol gozoso y racimos de uva partidos, a la tórtola gris de acero, que tajea como espada la atmósfera sonora y copiosa de luz inmarcesible o al clavel negro del pidén en los esteros, tu gran ternura melancólica; hoy luchando con el animal del destino, mar afuera entre las quillas y las ruinas de los barcos náufragos, haciendo lo horrendo de morderme las entrañas para alimentarme, ¿quién me va a consolar jamás, cuando no quiero más que el ser irremediable, y extraer de él la sustancia desesperada de la espantosa alegría estupenda de poder llorarte, construyendo un monumento al dolor humano, con sudor y terror acumulado?lunes, 14 de julio de 2008
LOS GATOS DE ULTHAR - H. P. LOVECRAFT
Se dice que en Ulthar, que queda más allá del río Skai, ningún hombre puede matar a un gato; y puedo creer esto con firmeza mientras observo uno de ellos que descansa y ronronea junto al fuego. Porque el gato es enigmático y está muy cerca de las cosas extrañas que los hombres no pueden ver. Es el alma del antiguo Egipto y portador de cuentos que provienen de ciudades olvidadas en Meroe y Ophir. Es pariente de los señores de la selva, y heredero de los secretos de la remota y siniestra África. La Esfinge es su prima, y él habla su mismo idioma; pero el gato es más antiguo que la Esfinge, y recuerda aquello que ella ha olvidado.En Ulthar, antes de que las autoridades prohibieran la matanza de gatos, vivía un viejo granjero y su esposa, quienes se divertían con entrampar y asesinar los gatos de sus vecinos. No sé por qué hacían eso; a menos que, como muchos, detestaran la voz del gato por la noche, y que les molestara que corriesen a hurtadillas por los patios y los jardines al anochecer. Pero cualquiera fuera la razón, este viejo y su mujer se complacían con la captura y la muerte de cada gato que pasaba cerca de su cabaña; y por algunos de los sonidos que se escuchaban al caer la noche, muchos naturales del lugar imaginaban que esa manera de matar era peculiar en grado sumo. Pero los lugareños no discutían tales cosas con el viejo y su mujer debido a la expresión de las caras marchitas de los dos y porque su cabaña era tan pequeña y estaba escondida debajo de un robledal en la parte trasera de un patio abandonado. En verdad, por más que los dueños de los gatos aborrecieran a esa extraña pareja, los temían más y, en lugar de juzgarlos y de tratarlos como a asesinos brutales, solo cuidaban que ninguna de sus queridas mascotas o ratoneros se desviara hacia la cabaña oculta bajos los árboles oscuros. Cundo, por algún descuido inevitable, algún gato se extraviaba y se oían los ruidos después, al anochecer, el perdedor se lamentaba impotente o se consolaba mientras agradecía al destino que no fuera ninguno de sus hijos el que había desaparecido de esa manera. Porque la gente de Ulthar era simple, y desconocía de dónde habían venido los primeros gatos.
Un día, una caravana de extraños trotamundos provenientes del sur entró en las estrechas y empedradas calles de Ulthar. Eran vagabundos de piel oscura muy distintos de los otros viajeros que atravesaban el pueblo dos veces al año. En la plaza del mercado, dijeron la buenaventura por una moneda de plata y compraron alegres abalorios a los comerciantes del lugar. Nadie pudo decir cuál era la tierra de estos extranjeros; pero se los vio dados a extrañas oraciones; habían pintado en los costados de sus carros, singulares figuras con cuerpos humanos y cabezas de gatos, halcones, carneros y leones. Y el líder de la caravana llevaba un tocado con dos cuernos y un disco sorprendente entre los cuernos.
En la tercera mañana de la llegada de los trotamundos a Ulthar, Menes no encontró a su gatito; y mientras lloraba a gritos en el mercado, algunos lugareños le hablaron del viejo, de su mujer y de los sonidos que se escuchaban por la noche. Y, cuando el chico escuchó estas cosas, su llanto dio paso a la meditación y, después, a la oración. Extendió sus brazos h
Así que Ulthar se fue a dormir en medio de un enojo inútil porque cuando la gente despertó al amanecer, ¡cada gato había regresado a su hogar! Grandes y pequeños, negros y grises, rayados, amarillos y blancos, ninguno faltaba. Aparecieron gordos, relucientes y ronroneando satisfechos. Los ciudadanos comentaron unos con otros lo sucedido y se maravillaron bastante. El anciano Kranon insistió, una vez más, en que los viajeros de piel oscura se los habían llevado, ya que ningún gato había vuelto vivo de la cabaña del viejo y de sus mujer. Pero todos concordaron en que la negativa de los gatos de comer sus porciones de carne o beber sus tazones de leche era curiosa en extremo. Y durante dos días completos, los gatos de Ulthar, pulcros, perezosos, no tocaron la comida, solo se limitaron a dormitar cerca del fuego o bajo el sol.
Transcurrió una semana entera hasta que los lugareños notaron que, al atardecer , no aparecía ninguna luz en las ventanas de la cabaña bajo los árboles. Entonces el escuálido Nith aseguró que nadie había visto al viejo ni a su esposa desde la noche en que los gatos estuvieron afuera. A la semana siguiente, el burgomaestre decidió superar sus miedos y llamar a la extrañamente silenciosa vivienda como una cuestión de deber, aunque tomó la precaución de llevar con él a Shang, el herrero, y a Tul, el cortador de piedras, como testigos. Y cuando echaron la frágil puerta abajo y una vez adentro, encontraron dos esqueletos humanos limpios de carne sobre el suelo de tierra del patio, y varios singulares escarabajos que se arrastraban por las esquinas tenebrosas.
Con posteridad los habitantes de Ulthar tuvieron mucho para conversar. Zath, el forense, mantuvo una larga discusión con Nith, el escuálido notario, y Kranon, Shang y Tul fueron abrumados por preguntas. Hasta el pequeño Atal, el hijo del posadero, fue detenidamente interrogado y después le dieron una golosina como recompensa. Hablaron del viejo y de su esposa, de la caravana de oscuros trotamundos, del pequeño Menes y de su gatito negro, de la plegaria de Mens y del cielo durante la oración, de la manera de actuar de los gatos en la noche en que la caravana partió, y de lo que se encontró después en la cabaña, bajo la oscuridad de los árboles en el repulsivo patio.
Y, por último, las autoridades aprobaron aquella extraordinaria ley que más tarde fue comentada por los comerciantes de Hatheg y discutida por los viajeros en Nir, a saber, que en Ulthar, ningún hombre puede matar un gato.
miércoles, 9 de julio de 2008
domingo, 6 de julio de 2008
lunes, 30 de junio de 2008
martes, 24 de junio de 2008
CADA DÍA ME ES MÁS DIFÍCIL - E. IONESCO
Eugène Ionescolunes, 16 de junio de 2008

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Con permiso. Voy a mirar el sol. Voy a tenderme sobre la hierba a escuchar lo que dicen las cosas mínimas. Porque las cosas mínimas hablan justamente, al revés de lo que se cree, el lenguaje apenas comunicable.
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Lo real y lo irreal, reunidos como en una vida, como en una contemplación, como en una acción, como en una boda, como en una muerte. Iba a decir también como en un nacimiento.Pero hoy no se nace, se muere.
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Cuando la noche entró de repente en la cabeza de aquel hombre que se miraba las líneas de la mano...
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Cuídate de tu poesía. Por la poesía.
miércoles, 11 de junio de 2008
miércoles, 4 de junio de 2008
Fragmento de "Los Cantos de Maldoror"

Lautréamont
¿A DÓNDE ha ido ese primer canto de Maldoror desde que su boca, llena de hojas de belladona, lo dejó escapar a través de los reinos de la cólera, en un momento de reflexión? Dónde ha ido ese canto... No se sabe con precisión. Ni los árboles ni los vientos lo conservaron. Y la moral, que pasaba por ese sitio, sin presagiar que tenía en esas páginas incandescentes un enérgico defensor, lo vio dirigirse con paso firme y recto hacia los rincones oscuros y las fibras secretas de las conciencias. Por lo menos, la ciencia da por sabido que desde ese tiempo el hombre de figura de sapo no se reconoce a sí mismo, y cae con frecuencia en accesos de furor que le hacen parecerse a una bestia de los bosques. No es culpa suya. En todos los tiempos él creyó, con los párpados plegados bajo las resedas de la modestia, que no estaba compuesto más que de bien y una mínima cantidad de mal. De pronto, yo le hice saber, descubriendo a pleno día su corazón y sus tramas, que, por el contrario, sólo estaba compuesto de una mínima cantidad de bien, que los legisladores tratan a toda costa de no dejar evaporar. A mí, que no le he enseñado nada nuevo, me gustaría que no sintiera una vergüenza eterna a causa de mis amargas verdades; pero la realización de este deseo no estaría conforme con las leyes de la naturaleza. En efecto, arranco la máscara de su rostro traidor y lleno de fango, y hago caer, una a una, como bolas de marfil sobre una fuente de plata, las mentiras sublimes con las cuales se engaña a sí mismo: es, por tanto, comprensible que no ordene a la calma imponer las manos sobre su rostro, incluso cuando la razón dispersa las tinieblas del orgullo. Por eso el héroe que pongo en escena ha atraído sobre sí un odio irreconciliable, atacando a la humanidad, que se creía invulnerable, por la brecha de absurdas tiradas filantrópicas, que están amontonadas, como gramos de arena, en sus libros, cuyo ridículo lado cómico, aunque aburrido, algunas veces estoy a punto de apreciar, cuando la razón me abandona. El lo había previsto. No basta con esculpir la estatua de la bondad sobre el frontis de los pergaminos que contiene las bibliotecas. ¡Oh ser humano, hete ahí, ahora, desnudo como un gusano, en presencia de mi espada de diamante! Abandona tu método, no es tiempo ya de hacerse el orgulloso: hacia ti dirijo mi plegaria, en actitud de prosternación. Hay alguien que observa los menores movimientos de tu vida culpable; estás envuelto en las redes sutiles de su perspicacia encarnizada. No te fíes de él cuando se vuelva de espalda, pues te mira; no te fíes de él cuando cierre los ojos, pues te sigue mirando. Es difícil suponer que, en cuanto a astucia y perversidad, tu terrible resolución pueda superar al hijo de mi imaginación. Sus menores golpes aciertan. Con algunas precauciones, es posible hacerle saber al que cree ignorarlo, que los lobos y los bandidos no se devoran entre sí: acaso no sea su costumbre. Por consiguiente, entrega sin temor a sus manos el cuidado de tu existencia: él la conducirá de la manera que sabe. No creas en la intención que hace relucir al sol, de corregirte, pues le interesas muy poco, por no decir nada; aunque aún no he aproximado a la verdad total la benevolente medida de mi verificación. Pero a él le gusta hacerte daño, por la legítima persuasión de que te volverás tan malo como él, y así cuando llegue la hora le acompañarás hasta la honda gruta del infierno. Su lugar está marcado desde hace mucho tiempo en un paraje donde se distingue una horca de hierro, de la cual están suspendidas unas cadenas y unas argollas. Cundo el destino lo conduzca allá, el fúnebre embudo jamás habrá saboreado una presa más sabrosa, ni el contemplado una mansión más conveniente. Me parece que hablo de una manera intencionadamente paternal, y que la humanidad no tiene derecho a quejarse.
lunes, 2 de junio de 2008
El poeta
A Pablo Neruda y a todos los poetas
que le anteceden y le suceden.
Un hombre caminando sobre el mar
Sobre su corazón
Camina cielo adentro
Sobrecogiendo al sol con su mirada.
Un hombre
para quien todas las cosas
son parientes lejanos.
Nacido de la luz y de la sombra
Con solamente aparentar tristeza
Mueve a risa
A quien tenga el placer de mirarlo
Perseguido por las aves y por las fieras
Y pensar
Que solo en su mano izquierda
Han crecido cien robles,
Que para vivir un día de su vida
No hay clepsidra inventada
Ni medida de tiempo.
Él, con su corazón
Bajo los pies, sobre el agua,
Junto a los cuatro puntos cardinales.
El amor,
le paso por los ojos
Como un vértigo
Ebrio de abejas, sin heredad.
La muerte sólo sería muerte
Si encontrara su mano.
Qué sólo el hombre
De pie, sobre el océano.
La alegría le teme
Como a un mal pensamiento
Y pensar que su frente es el muro
Donde podréis dibujar
Los más bellos grabados infantiles.
Así avanza
Paso a paso sobre el agua
Siempre despierto mientras el sueño
Vive en los ojos
Del resto del mundo.
Sin divisar jamás el horizonte:
su mirada de golfo perdido
su mano derecha de fuego.
Su boca
El alud que sepulta
Con una sola de sus palabras.
Y qué solo
Va el hombre de espalda al sol
perseguido de niños y sueños
Engañador de cambios terrestres
Entre la muchedumbre de los peces
Ah si encontrarais otros ojos
Con más lejanía
De inconclusa oscuridad.
Camina
Entre el canto de los peces
Suelto como los hombres en su gran prisión
Inefable
como Dios cuando quiere ser hombre.
Distiende la pupila de brasa celeste
A la estrella antigua
En demanda de su halcón pez.
Oh fanal de ojo ciego
Quiero caminar de pie
Contigo sobre el agua
Saludar la escama del gran pez
Ser solícita con la bruma
y penetrar la aleta oculta
que insinúa una mañana de mar.
Beber la leche que desparrama la ola
Cuando tu gran corazón
Quiebra la soledad...
Sordo es el corazón del hombre
Cuando camina de pie, sobre el océano.
