sábado, 20 de septiembre de 2008


LA MÚSICA DE LAS ESFERAS
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Escipión ve en sueños el templo celeste y sus nueve órbitas planetarias. La más exterior, el 'primum mobile', que comprende todos los demás, es el mismo Dios: "¿Qué es ese sonido potente y dulce a la vez, que inunda mis oídos?"
Es el sonido que, combinado en intervalos irregulares, pero coherentes en determinadas relaciones, producido por el ímpetu y el movimiento de los círculos celestes, mezclando los tonos agudos con los graves, da lugar a las armonías más bellas y regulares. Pues esos movimientos formidables no pueden hacerse en el silencio, y es cualidad de la naturaleza que lo extremo suene bajo en una parte, y en la otra alto. Por eso el orbe más alto del cielo, con los planetas que alberga en su órbita, se mueve con un sonido alto y nervioso, y el orbe de la luna, el más bajo, lo hace con el tono más grave. La tierra, en calidad de noveno orden, está inmóvil, siempre suspendida en un mismo lugar, siempre el mismo, ocupando el centro del universo. Pero el sonido de los ocho orbes restantes, de los cuales dos poseen la misma fuerza producen siete tonos con intervalos diferentes, y siete es el nudo de casi todas las cosas (...) (Cicerón, De república, s.l a.C., ed. Stuttgart, 1979).
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"La música de la naturaleza comprende la naturaleza de todas las cosas/ (...) es, pues, la gran música del mundo/ la maravillosa correspondencia de los cielos/ de los elementos de todas las criaturas/ está, pues, en especial la música humana/ que consiste en la armonía del cuerpo humano/ o de sus sentidos internos y externos." (Athanasius Kircher, Musurgia universalis, 1662)..
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"El brillo de los astros hace la melodía, la naturaleza sublunar danza al son de las leyes de dicha melodía." (Johannes Kepler, Harmonices Mundi, 1619)
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La teoría de la armonía de las esferas se remonta al filósofo griego Pitágoras (570-496 a.C.)
Mientras escuchaba en una forja los golpes de martillos diversos, le vino en mientes una leyenda de Yámblico, según la cual se pueden expresar los valores de los sonidos en relaciones cuantitativas, en números y en términos geométricos. Con ayuda de instrumentos de cuerda, descubrio la relación entre la frecuencia y la altura del sonido. Según Pitágoras, el mundo entero se compone de armonías y números. Tanto el alma microscópica como el universo macroscópico se articulas, según él, en proporciones ideales, que se pueden expresar con una secuencia de sonidos.
La altura de las diferentes notas planetarias sobre la escala musical celeste se determinaba por el tiempo que los planetas tardaban en recorrer su órbita, y las distancias se relacionaban con los intervalos de los tonos. Kepler complicó más el sistema, atribuyendo a cada planeta una sucesión de tonos próximos. La serie de notas que creía haber descubierto para la tierra (mi, fa, mi) probaba para él, poco después de haber estallado la Guerra de los Treinta Años, que en "este valle de lágrimas reinan el hambre y el dolor."
Jubal, un descendiente de Caín, pasa por ser, según el Génesis (4,21), el patariarca de todos los tañedores de citara y de flauta. Según Kepler, Jubal no es otro que Apolo, y bajo el nombre de Pitágoras se encondía nadie menos que Hernes Trimegisto.

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