lunes, 19 de julio de 2010

LUZ Y TINIEBLAS


Jacob Boehme,
Theosophische Wercke
(Escritos teosóficos),
Amsterdam, 1682

Todas las cosas han salido de la raíz del fuego, como un doble parto", en la luz (el bien) y la oscuridad (el mal).

"El amor y la ira están mutuamente imbricados en toda criatura, y el hombre tiene ambos centros en sí."

"Todo hombre es libre y es como dios de sí mismo, tien el poder de transformarse en ira o en luz en esta vida."


Jacob Boehme,
Theosophische Werke

(Escritos teosóficos),

Amsterdam, 1692

En la intersección de los mundos de la luz y las tinieblas, el ojo de hombre y el ojo de Dios cruzan su mirada y se funden en una "transparencia" que se eleva en el centro "como un rayo"

La trompeta y el lirio a ambos extremos de la aguja del reloj marcan el fin próximo del mundo y el comienzo del reino del Espíritu Santo. Los siete círculos son culidades de la naturaleza, los días de la creación y los espíritus de Dios. El alfabeto en el interior de la esfera indica "la lengua revelada de la naturaleza", que nombra las cosas "sensualmente", es decir, por sus cualidades intrínsecas. Se perdió cuando Adán cayó de la cifra 1, la unidad divina.

En el año 1600 a la edad de veinticinco años, el zapatero Jacob Boehme es arrebatado, según el testimonio de su discípulo y biógrafo Abraham von Frankenberg, "por la iluminación divina (...) y, en un instante, a la vista de una vasija de estaño, de apariencia amena y jovial, es transportado al interior profundo o centro de la naturaleza secreta".

El propio Boehme aseguró que durante un cuarto de hora había sobrepasado las puertas del infierno. "Reconocí y vi los tres mundos en mí (...), reconocí todo el ser en el bien y en el mal, cómo una cosa deriva de la otra (...). Mi vista logró penetrar en el caos, en el que todo está, pero no me fue posible ver su desarrollo." Boehme comprovó que "todas las cosas se reducen al sí y al no", y que "no existen dos cosas adyacentes, sino una sola (...). No hay más que estas dos cosas, en confrontación permanente; el resto no es nada, está quieto y sin movimiento".

Sólo en la lucha costante de las siete cualidades naturales, en el giro de la "rueda del miedo", se manifiesta la Naturaleza. "Boehme fue el primero en concebir la vida del cosmos como una lucha pasional, como un movimiento, un proceso, una génesis perpetua. Fue necesario ese conocimiento inmediato de la vida cósmica para que Goethe pudiera escribir su "Fausto", para que fueran posibles los Darwin, los Marx, los Nietzsche." (Nicolas Berdiaeff, Unground and Freedom, 1958)

Al igual que su precursor, el pastor luterano Valentin Weigel (1533-1588), Boehme sigue la tradición de la "óptica visionaria" que abarca desde San agustín y Boecio hasta Hugo de Saint Victor (1096-1141). Este último distingue tres planos ascendentes de la visión: el ojo de la carne, el de la razón y el del arrobamiento místico. "Con los ojos de la carne", asegura Boehme, no puede llegarse al conocimiento, "sino con los ojos con los que la vida se proyecta en mí". Este ojo permite "penetrar hasta el fondo de las cosas, por encima y por debajo de la Naturaleza".

La inmensa influencia ejercida por Boehme en los más diversos campos se manifiesta claramente en los encarnizados adversarios del sistema materialista de Newton, como Goethe o Blake, a quienes proporcionó los argumentos que inspiraron, en el caso de Newton, los teoremas relativos a las leyes de gravitación y a la teoría de la naturaleza de la luz. También se encuentra en la obra de Boehme, que se anticipa así a la de Kepler, la intuición visionaria de la órbita elíptica de los planetas, surgida de la polaridad de dos fuegos o centros.


EXPOSICIÓN DE CONJUNTO DEL SISTEMA DE BOEHME

El círculo exterior es "el gran misterio del abismo (Abyss), pues el ser divino se engendra a sí mismo en las profundidades, reflejándose en el espejo de la sabiduría (Sophia)." Esta autoprocreación de Dios debida a su propia reflexión en la nada primitiva es el punto de partida de la tríada dialéctica, el propio proceso de la creación.

El nombre de Dios, Adonai (esfera superior), "indica la apertura o movimiento espontáneo de la unidad insondable y eterna". Se encuentran allí en potencia seis especies de energía seminal. En la S central se esconde el misterio de la esencia andrógina de Dios: la letra S vale tanto para Sophia como para el Hijo (Sohn) virginal.

La aspiración y espiración divina de las tres sílabasdel Tetragamma, Je-ho-va, como eterna sucesión de sístoles y diástoles, de solve et coagula, surge como contrapunto inicial, el principio aspirante del Padre vengador: el del mundo de las tinieblas, que revela tres aspectos:

  1. La fuerza centrípeta de atracción (Saturno), fuente de rigor, dureza y frío
  2. La fuerza de repulsión, de la "punzante amargura", llamada también "aguijón de la sensibilidad". De ella surgen la movilidad mercurial y la vida de los sentidos.
  3. El antagonismo de atracción y repulsión (1+2) produce el movimiento rotatorio "tormento del miedo" (Marte).
  4. El cuarto aspecto se obtiene por frotamiento y rotación: el doble fuego de luz y de tinieblas, un resplandor, la reacción inicial que Boehme llama "schrack". De éste nace el tercer principio, la naturaleza bipolar y de cuatro elementos y la vida de todas las criaturas. El segunod principio espiratorio del Hijo, que asciende en un claro fuego espiritual, tiene los siguientes atributos:
  5. Luz o amor, espíritu verdadero (Venus)
  6. Intensidad, frecuencia, timbre de sonido, la regocijada exaltación de los cinco sentidos (Júpiter).
  7. La cualidad esencial, el "magnum mysterium" o la sustancia del mundo sensible (Luna-Sophia).

D. A. Freher, en: Works of
J. Behmen, Law-Edition, 1764

Según Boehme, los sabios de la Antigüedad nombraron a los planetas por sus siete cualidades naturales, "pero ellos veían mucho más lejos, no solamente los siete planetas, sino también las siete cualidades en la eclosión de todos los seres. No existe un objeto en la esencia de todos los seres que no posea siete cualidades; pues ellas forman la rueda del centro, el origen del azufre, en el que Mercurio prepara la pócima del tormento del miedo". Las siete cualidades "nacen conjuntamente, imbricadas unas en las otras, ninguna es la primera, ninguna la última".


Robert Fludd,
Philosophia Sacra,
Francfort, 1626

La luz divina ilumina todo por igual, si bien no es asimilada del mismo modo: el tosco corazón de abajo la absorve como un agujero negro; el de arriba, más sutil, la asume y la proyecta.

"Dual es el aspecto de Dios. Una de sus cabezas es de luz, otra de tinieblas; una es blanca, negra la otra; una está arriba, obra abajo", proclama el Sefer ha-Zohar, el "Libro del Esplendor". Escrito en España en el siglo XIII, ejerció a partir del año 1500 una influencia más allá de las comunidades judías.

Fludd llama a los dos aspectos de Dios, el aspecto luminoso y el oscuro, su querer (voluntad) y su noquerer (noluntas). "Dios es bueno, lo quiera o no, porque en Dios no hay maldad". Ni siquiera el rigor y la ira de Dios constituyen un aspecto negativo. Fue Lucifer quien, al prender la chispa de la discordia, lo convirtió en "un horrible aguijón de la muerte y un amargo veneno".


Robert Fludd,
Philosophia Moysaica,
Gouda, 1638

El sombrío caos primaterial (a la izquierda) es el principio centrípeto de Dios, "en el que sus rayos se orientan a su propio centro". Pero en sus entrañas se oculta "la piedra angular de luz". El principio de luz creador y centrífugo (a la derecha) está encarnado por Apolo. Este es el mismo su alter ego, Dioniso que lo descuartiza siete veces en la noche y lo recompone otras siete veces en el día.

William Blake,
Los buenos y los malos ángeles,
hacia 1793, 1794

Partidario del ideal revolucionario de libertad y adversario de todo tutelaje moral y político, Blake redactó en 1790, con sus proverbios del Cielo y del Infierno (Marriage of Heaven and Hell), una agria polémica contra los valores tradicionales del Bien y del Mal asimilados en el alma y cuerpo "Lo cierto es que el cuerpo del hombre no se diferencia del alma. Pues lo que se llama cuerpo, es parte del alma, percibido por los cinco sentidos (...). La única vida es la energía, y ésta proviene del cuerpo; la razón (...) es el límite externo de la energía". Según el modelo cabalístico, los mundos inferiores son reflejo de los mundos superiores de luz, y por consiguiente todos los valores terrenales y las representaciones morales en este mundo se ven como invertidos en un espejo. Blake compara esta inversión de valores con la inversión característica de las cajas tipográficas.

La ilustración de arriba evoca una visión de Jacob Boehme en la que el cielo y la tierra están mutuamente imbricados como el alma y el cuerpo, "y sin embargo, la naturaleza de uno no se manifiesta al otro". Los fecundos ángeles celestes "flotan en las dulces aguas de la matriz", y los ángeles infernales y estériles "están encerrados en el implacable fuego de la ira". (Boehme)

"Es menester que busquemos la luz: pero es una luz tan delgada y espiritual, que no podemos asirla, por eso tenemos que buscar su morada, la substancia celeste, etérea y oleaginosa." Así formuló en 1651 su teoría de la luz el Rosa-Cruz inglés Thomas Vaughan (conocido bajo el seudónimo de Philaletes), algunos años antes de que su compatriota Newton iniciase sus experimentos sobre la luz, en los que "sometía a tormento" (Goethe) a la luz, que en su opinión se componía de corpúsculos, sólidos.
Sin embargo, no fue la teoría mecanicista de los corpúsculos, sino la idea alquimista de la "virtud cohesiva de lo oleaginoso, como principio sulfúrico de condensación, lo que permitió elaborar la ley de la gravitación y de la fuerza eléctrica de atracción. (Gad Freudenthal, Die elektrische Anziehung im 17. Jh, [La atracción eléctrica en el siglo XVII] (...), en: Die Alchemie in der europäischen Kultur- und Wissenschaftsgeschichte [La alquimia en la historia europea de la civilización y de la ciencia], Wiesbaden, 1986).

En su tratado hermético "Siris", editado en 1744, el obispo George Berkeley reitera su convicción de que puede fabricarse oro condensando la luz e "introduciéndola en los poros del mercurio". También Newton opinaba que la luz podía convertirse en materia, y viceversa. Hasta ahora nadie ha podido refutar esa opinión, al contrario: los más recientes descubrimientos científicos del siglo XX permiten deducir que la materia es luz condensada.

El concepto paracélsico de "luz de la Naturaleza" que penetra en todos los planos visibles e invisibles del universo, corresponde a la concepción gnóstica de la luz interior o rayo divino, que, encerrada en la materia, la ilumina a partir del centro.

A comienzos del siglo XVII, la teoría cartesiana de los corpúsculos produce el paso de una concepción orgánica del mundo a otra mecanicista y matemática. Los alquimistas experimentales y los partidarios de la alquimia tradicional, tachados ahora de "paracélsicos exaltados", mantienen posturas irreconciliables y mutuamente intransigentes.

A. Kircher,
Ars magna lucis,
Roma, 1665

En su "Historia de la teoría de los colores", Goethe escribe, refiriéndose al "Ars magna lucis et umbrae" de Kircher: "Por primera vez se demuestra claramente que la luz, la sombra y los colores deben considerarse elementos de la visión, y que los colores son un producto de las dos primeras." Luz y sombra están representadas aquí como el águila bicéfala de los Austrias, colocada sobre la égira del sol (Apolo), de la misma forma que los colores, en forma de pavos, están sobre la luna (Diana). Los rayos luminosos corresponden a los grados del conocimiento; obsérvese que el mundo sensible, en sentido platónico, tine solamente el rango que le confiere la débil reflexión de la luz divina, oscurecida por la oscura caverna del cuerpo.



A. Kircher,
Ars magna lucis,
Amsterdam, 1671

En su "Ars magna lucis", Kircher presenta las primeras linternas mágicas, que hizo tan populares. Este instrumento, que servía para proyectar imágenes pintadas sobre vidrio puede ser considerado precursor del proyector de diapositivas o de películas. Los experimentos ópticos de Giambattista della Porta (1540-1615) desempeñan un papel importante en la puesta a punto de este instrumento por Kircher.

Franciscus Aguilonius,
Optica, 1611

"Construir el mundo visible con luz y tinieblas. O disolverlo en luz y tinieblas. Esa es nuestra misión, pues este mundo visible, que nosotros consideramos unitario, está hecho, en realidad, con dos elementos primeros mezclados según el mejor arte." (Goethe, Physikalische Vorträge [Lecciones de física], 1806)


Robert Fludd,
Utrisque Cosmi,
Oppenheim, 1619

"Proclamo ante Dios que podría decir tantas cosas sobre las posibilidades de aplicación de estas dos pirámides, que podría llemar con ellas un grueso tomo." (Fludd, Philosophical Key [Llave filosófica] hacia 1619)

El sector superior es la región del divino fuego celeste (el Empíreo); el sector inferior, el cielo elemental. El del medio, compuestos a partes iguales por luz superior y materia inferior, se sitúa en el éter "aire igneo". La órbita del sol pasa exactamente por los puntos de intersección, "por eso los platónicos le dieron el nombre de esfera delk alma (sol-soul)".

Tomado del libro de Alexander Roob Alquimia y Mística

Bathory - A fine day to die subtitulado al español

Burzum - Dunkelheit (subtitulado ingles español)